domingo, 25 de octubre de 2009

La guerra de las heces


Antoni Puigverd en La Vanguardia


Como el adicto sexual contemplando un espectáculo pornográfico, los socialistas y sus compañeros de viaje se frotan las manos ante la posibilidad de que el PP se hunda en sus miserias. Esta euforia tiene peligro: revela sin rubor la propia debilidad. Incapaz el PSOE de mantener la confianza de los ciudadanos en sus proyectos, debe insistir en la demonización del PP. Lo mismo sucede en Catalunya: es casi obscena la euforia con que el PSC ha hincado el diente en el muslo de CDC por la vinculación de las execrables cuentas del Palau con la Fundació Trias Fargas. Revela una impotencia irreparable: después de seis años de gobernación de la Generalitat, todavía la suerte del PSC depende de los fallos de un partido que lleva años en el más puro ostracismo. La respuesta de los partidos atrapados con las vergüenzas al aire es el ventilador. Intenta el PP que el foco mediático se aleje un poco de Valencia y se fije algo en Andalucía (líos familiares de Manuel Chaves) o Castilla-La Mancha, cuya Caja de Ahorros, dirigida por un conspicuo (¡y moralizante!) socialista, ha dejado un agujero en el que podrían enterrarse unos cuantos émulos de Don Vito. Lo mismo hacía ayer Artur Mas recordando que, si las cuentas de la Trias Fargas son feas, no lo son menos las que vinculan la obra social de Caixa Catalunya con la Rafael Campalans, fundación del PSC. "¡Y tú más!".
La política se está convirtiendo en un vertedero de basuras y muchos ciudadanos de buena fe lo lamentan, deprimidos. Habrá que hacerles una pregunta dolorosa: "¿Creen todavía en los Reyes Magos?". Mejor que lamentarse ante la monumental letrina, mejor que esperar la llegada de un profeta que nos libre de unos males característicos de la condición humana, mejor que discursear en plan Savoranola contra los vicios de la política, mejor que todo eso es recordar qué cosa es la democracia: no la Academia de Platón, sino el terreno de juego en el que unos conflictos dirimidos a tiro limpio en otras épocas, ahora se confrontan con malas artes, pero pacíficamente. La democracia es el comercio de los intereses. Los intereses se revisten con ropajes ideológicos, pero acostumbran a ser intereses humanos, demasiado humanos. No es extraño que, de vez en cuando, los ropajes, gastados por el uso y convertidos por la crisis económica en harapos, acaben mostrando los intereses al desnudo. Las heces del Palau desempatarán la lucha a muerte que se libra desde hace años por la Generalitat. Y las del clan del Bigotes mantienen vivo el pulso entre los dos grandes partidos, un pulso que la crisis económica decantaba de manera irreversible.

¿Demasiado cínico? Contéstenme sinceramente: ¿Qué creen que es más verdad: la entrada de Zapatero en una mezquita proclamando la paz, la procesión de las antorchas por Companys, con su liturgia de martirologio laico, el apoyo del PP a la causa antiabortista o la guerra de las heces?

1 comentario:

Manuel dijo...

Para creer a los políticos, lo mejor seria que se atreviesen a pasar una de las pruebas que se proponen en este comentario
http://ceroizquierda.blogspot.com/2009/10/verdad-de-la-buena.html#links