domingo, 20 de enero de 2013

¿"Quo Vadis", Artur Mas?

La opinión en El País de Ana Mar Fernández Pasarín profesora titular de Ciencia Política y de la Administración en la UAB e investigadora del Observatorio de Instituciones Europeas de Sciences Po Paris (CEE).

                                                                                                                                                              Sorprende constatar, día tras día, la ligereza con la que políticos como Artur Mas claman y proclaman la vocación naturalmenteeuropea de lo que sería un Estado catalán independiente del resto de España desplegando, para ello, una retórica de corte esencialmente antieuropea. Asombra un discurso construido en negativo, articulado en torno a unos argumentos fundamentalmente contrarios al espíritu, los valores y el derecho de la UE. “¿Cataluña, próximo Estado de Europa?”. A la vista del desconocimiento que delata una afirmación tan grandilocuente, cabe recordar al presidente de la Generalitat algunos de los principios básicos que regulan la Unión Europea. Principios constitucionales y funcionales que obligan a todos sus miembros por cuanto la legalidad jurídica no es una mera noción abstracta que se puede obviar en función de la oportunidad política del momento. El primero de ellos es el propio concepto de unión. Tal y como estipula el Preámbulo del Tratado de la Unión Europea (TUE), esta organización política encuentra su origen en la voluntad de “acercar los pueblos de Europa en una unión cada vez más estrecha” con el doble objetivo de mantener la paz en el continente europeo y lograr su prosperidad económica. Es decir, Europa como entidad política debe su nacimiento a un principio normativo meridianamente claro: es la preferencia de la unión frente a la fragmentación, la cohesión frente a la desagregación o, si se prefiere, las fuerzas centrípetas (que no centralizadoras) frente a las centrífugas lo que constituye la verdadera garantía de estabilidad política y de crecimiento económico. La actual parálisis de la arquitectura comunitaria, bloqueada por la proliferación de los egoísmos nacionales es una buena prueba de ello. El segundo principio es la idea de integración. Para unir los pueblos de Europa, la fórmula europea consiste en integrar las competencias soberanas y exclusivas de los Estados miembros. En otras palabras, en términos funcionales la construcción europea se basa en un principio básico: la renuncia progresiva, y en grados diversos, de parcelas de poder previamente en manos de los Estados (ya sea a través del gobierno nacional o de los gobiernos regionales, donde existan) y su cesión a un nivel político de carácter supraestatal. Desde la política de la competencia hasta la política monetaria pasando por la política agrícola o medioambiental, el modo de funcionamiento de la UE pasa por la inclusión en conjuntos más amplios y no por el repliegue localista. Hoy en día, el 70% de la legislación y, por lo tanto, de las políticas públicas que vinculan a los Estados miembros (y, en consecuencia, también a sus regiones) encuentran su origen en una normativa europea. Responsabilizar en exclusiva al Estado de los males propios es fácil y probablemente rentable desde el punto de vista electoral pero no se justifica desde la perspectiva de la realidad de los procesos decisorios. Ello remite a un tercer principio: el interés general. La Unión Europea ha sido posible porque unos hombres de Estado —esa categoría en vías de extinción— como Jean Monnet o Konrad Adenauer tuvieron la clarividencia suficiente para darse cuenta de que el bien particular pasa por el bien común. Tras las devastadoras consecuencias de la Primera y Segunda Guerra Mundial, precisamente relacionadas con la marea de ultranacionalismos populistas que anegaron Europa a principios del siglo XX, los Padres Fundadores tuvieron la inteligencia necesaria para darse cuenta y hacer comprender a las sociedades europeas que solo sumando y no restando se puede lograr un bien superior y en beneficio de todos. Un valor y principio de gobierno que encarna la propia idea de Comunidad Europea y condensa el lema europeo: “unidad en la diversidad”. Esta visión es también la que sustenta el desarrollo de otro vértice del ordenamiento constitucional europeo: la solidaridad interterritorial como factor de cohesión económica y social. Solidaridad europea como condición para el bienestar económico del conjunto y no de una parte de la Unión. Cataluña se ha beneficiado de ingentes cantidades de fondos estructurales europeos debido a su pertenencia a España y en virtud de la aplicación de este principio de solidaridad. El discurso actual, simplista y con tintes populistas, del expolio fiscal no es precisamente la mejor manera de hacer méritos en Europa. En efecto, ¿No augura ello acaso que, mañana, en el caso de que Cataluña tuviese que contribuir de forma neta al presupuesto comunitario, Artur Mas podría emprender una campaña en contra de Polonia, Hungría, Rumanía o Bulgaria diciendo que "roban a Cataluña"? ¿Comenzaría una campaña de propaganda en contra de la financiación de redes transeuropeas en los países de Europa central y oriental con la misma inquina con la que se está actualmente movilizando en contra del AVE gallego o del corredor central? Participar plenamente del proceso de construcción europea requiere algo más (y sobre todo, algo distinto) que el ilusionismo político, la búsqueda de chivos expiatorios y la demagogia populista e insolidaria. Por último, los anteriores principios y valores se hacen efectivos en la casa europea a través de una regla formal y de extraordinaria importancia que no se puede eludir: el respeto de la jerarquía normativa establecida y pactada por todas las partes firmantes de los Tratados constitutivos europeos. Un líder responsable tendría que tener en cuenta que amenazar con el incumplimiento de la norma constitucional adoptada en su momento dice poco o nada a favor de la fiabilidad y lealtad institucional como socio comunitario, además de que socava de manera profunda la seguridad jurídica que un jefe de gobierno debería transmitir a sus conciudadanos. Todo ordenamiento jurídico se rige por un principio esencial que es el pacta sunt servanda. Las reglas del juego están hechas para ser respetadas. Ello no significa que sean inamovibles pero sí que se deben respetar mientras no existan otras adoptadas por el conjunto de los que conforman la soberanía popular. En definitiva, no sabemos a dónde va o pretende ir el presidente de la Generalitat. Lo que sí podemos decir es que enarbolar la bandera europea es condición necesaria pero no suficiente para ser miembro de la UE. Más allá de los condicionantes legales que rigen toda adhesión, existen unos valores y principios anclados en la historia y en la propia idea de Europa unida y como tal, exigibles a todos los que pretenden formar parte de ella. Pretender jugar en la liga europea cuando uno demuestra día tras día una escasa capacidad para desenvolverse sin romper en una liga más próxima, como es la española, no parece la manera más acertada e informada de hacer valer unas credenciales europeas. En efecto, demuestra no haber entendido ni hacia dónde pretende ir Europa ni, sobre todo, a dónde no quiere volver.

domingo, 30 de diciembre de 2012

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El papel de UPyD en Cataluña

La Cataluña positiva y la negativa

La Cataluña positiva:                            

                                                                                                                                                                                                                                          
Y la negativa:
                                                                                                                                                                                     

jueves, 25 de octubre de 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Y cómo llamaréis a vuestra España?

Ya sé que hay independentistas pero eso no es lo que más preocupa, es lógico y normal que otras personas no piensen igual que yo. Lo que más me inquieta es que cada vez, con más frecuencia, se oyen voces comodonas e insolidarias de españoles que , supuestamente, comparten bando. Jiménez Losantos, César Vidal.... personas que afirman que una España sin Cataluña sería mejor. Necesitamos la ayuda de todos los españoles pero no estáis obligados a ofrecerla. Eso sí, os pregunto: ¿Y cómo llamaréis a vuestra España? porque España sin Cataluña no será España, será otra cosa...otra cosa peor.

lunes, 8 de octubre de 2012

Cobardes

Por lo que respecta al coste de no comulgar con la Cataluña nacionalista, aquí no te conviertes en cobarde por temer por la propia vida o la de los tuyos. En el País Vasco, la discrepancia y el significarse., el formar parte del partido político equivocado o de las fuerzas de seguridad le ha costado la vida a muchos infelices. En Cataluña te conviertes en cobarde simplemente por el qué dirán. Y lo que no queremos que digan es que no somos todo lo catalanes que debíeramos.


Citileaks, MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT

jueves, 4 de octubre de 2012

Manipulación infantil

Yo creo que el problema no es el catalán. El catalán es una de mis dos lenguas y es un orgullo para mí que así sea. El problema es el uso perverso que se hace del catalán, la pedagogía del odio que se practica usando como herramienta una de mis dos lenguas. Me viene a la cabeza un ejemplo. Hace unos años la televisión autonómica catalana emitió una serie titulada "Els Lacets". En ella dos tribus prehistóricas "catalanas" (una donde lo importante es trabajar "el seny" y otra en lo que lo importante es divertirse "la rauxa") viven cerca del río Llòbrec (¿Llobregat?) a los pies de la montaña sagrada (supestamente Monserrat)... son felices aunque no se entienden... pronto sin embargo tendrán que hacerlo porque de más allá de los Monts Negres (¿monegros?) llegará una terrible tribu llamada Barbarita que pretende invadirlos y subyugarlos... estos barbaritas van montados en toros y tienen una pinta de gorila idiota muy terrible y en clara contraposición con los bellos lacets...
Con la crisis no me extrañaría que volviesen emitir esta serie infantil que consigue inquistar en nuestros niños el odio a todo lo que huela a español.



viernes, 28 de septiembre de 2012

El castellano en la UOC


La carta de un lector publicada en La Vanguardia.


Hace un tiempo pensé en finalizar mis estudios universitarios y, dado que ya tengo cierta edad y obligaciones familiares, pensé en utilizar los nuevos métodos a distancia. Llamé a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) para informarme. Una de las primeras preguntas que me hicieron fue si quería estudiar en catalán o en castellano. Dije castellano y me respondieron que cada crédito costaba 80 euros. Me quedé pensativo y pregunté ¿y en catalán?, me dijeron 30 euros. Luego pregunté si hay descuento para familias numerosas. Me dijeron que si es en catalán, del 50%, pero en castellano, no hay. Si hacemos números anuales, el coste del curso es de 4.800 euros en castellano y 900 en catalán. ¿Es esto igualdad de oportunidades? En el 2010 la UOC tenía 40.479 estudiantes inscritos. Si sólo el 50% estudia en catalán, el coste de esta subvención asciende a 61.437.000 euros. En tiempos de crisis, ¿es esto moral?

Alfonso Calzado Desvalls