jueves, 29 de octubre de 2009

Català al cinema, español en el aula


Iván Tubau en El Mundo.

Tants drets i obligacions han de tenir els ciutadans en l'una com amb l'altra. ¿Dret a triar la llengua d'una pel•lícula? Sí. I dret a català i espanyol, en igualtat de condicions, como a llengües vehiculars de l'ensenyament a totes les escoles. Sobretot a les públiques, que per això les paguem tots.

REQUEJO: MAGNÍFIC l'avantprojecte de Llei del Cinema de Catalunya del conseller Tresserras. Clar i català: a Catalunya hi ha dues llengües oficials, la pròpia i l'altra, per tant és una anomalia que gairebé totes les pel·lícules que passen per les sales de cinema s'exhibeixin doblades al castellà i les poques en versió original portin els subtítols també en castellà. Amb la nova llei serà obligatori que quan hi hagi més de quinze còpies d'una pel·lícula -que vol dir més públic previsible-, la meitat siguin en català. I si no, multa. Fins a 75.000 euros.

BORRELL: Home, Requejo, això sembla propi de dictadures franquistes o estalinianes, no d'un Estat de Dret -encara que sigui monàrquic- basat en la democràcia i el lliure mercat capitalista. Ja sé que tu, com a xarnego patriota, ets més papista que el Papa. Però permet-me que et recordi un parell de coses. Primera, que de llengua pròpia només en tenen les persones. Llengua del territori és una formulació totalitària. Feixista. Hitleriana i mussoliniana més precisament. I segona, que versió original és un concepte dificultós: una pel·lícula produïda per Jaume Roures sobre guió en castellà d'Arturo Pérez-Reverte, dirigida per Alejandro Amenábar i interpretada per Javier Bardem i Sharon Stone doblats al català per Joan Pera i Sílvia Munt, ¿és la versió original catalana?

REQUEJO: Tu sempre li busques tres peus al gat.

BORRELL: Que gairebé tots els tenen, tres peus. Fins i tot n'hi ha que en tenen quatre.

REQUEJO: ¿És un acudit de català de soca-rel això que dius, que els xarnegos patriotes no li acabem de veure la gràcia? El conseller ha dit coses molt importants, molt convenients per fer país: que aquesta llei es fa a favor de la llibertat de la gent, perquè tothom pugui triar entre català i castellà, i que s'ha de tenir en compte la realitat sociolingüística.

BORRELL: T'ho diré en castellà, ja que de patriota no en sóc: así se las ponían a Fernando séptimo. Primer: a Catalunya hi ha dues llengües oficials (ja hem quedat que pròpia és impropi): el català i l'espanyol o castellà, oficial a tota Espanya. Tants drets i obligacions han de tenir els ciutadans en l'una com amb l'altra. ¿Dret a triar la llengua d'una pel·lícula? Sí. I dret a català i espanyol, en igualtat de condicions, como a llengües vehiculars de l'ensenyament a totes les escoles. Sobretot a les públiques, que per això les paguem tots. Pel que fa a la realitat sociolingüística... Més de dues terceres parts de la població escolar catalana tenen el castellà com a llengua pròpia, primera, familiar, materna o digues-li com vulguis. ¿Què vol dir això? Mira el títol de l'article.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Por qué llaman género al sexo? (IV)


Jesús Royo en La Voz Libre.


Decíamos que todo el pleito 'sexolingüista' procede de la confusión entre sexo y género: mientras el género femenino siempre supone sexo femenino, el género masculino tiene dos significados, el sexo masculino y el 'término no sexuado'. Y que, por tanto, si en 'las españolas' nos referimos siempre a mujeres, en 'los españoles' debemos precisar: 'los españoles' incluye a 'españoles y españolas'. Eso es así, y no hay que buscar en ello agravios inexistentes.

¿Qué pasaría si eliminásemos los casos 'no sexuados', como pretende el 'sexolingüismo'? Normalmente nada grave, salvo que haríamos el ridículo, como lo hacen los 'políticamente correctos' cuando dicen 'catalanes y catalanas', 'arquitectos y arquitectas'. Pero hay casos más chuscos, que demuestran hasta qué punto la lengua castellana -y todas las latinas- rechazan esa eliminación. Nunca podríamos decir 'todos', a no ser que sea un grupo de sólo machos: deberíamos decir 'todos y todas'. 'Nosotros' tampoco, si somos un grupo variopinto: los varones deberíamos decir 'nosotros y vosotras', y las hembras dirían 'nosotras y vosotros'. A las mujeres les estaría prohibido decir 'nosotros'. 'Los españoles somos...' ¡No! Sería: 'los españoles y las españolas somos y son...' o 'son y somos', depende del sexo del hablante.

En el caso de las parejas, la eliminación del término no sexuado resulta especialmente mutilante: una pareja hetero no podría decir 'los dos', sino sólo 'tú y yo'. Lo mismo pasaría con 'ambos': debería ser 'uno y otra' o 'una y otro'. Pero es que incluso no se podría predicar nada en común para una pareja hetero: 'estamos casados' debería ser 'yo estoy casado y tú estás casada'. No podríamos hablar de 'mis padres', sino de 'mi padre y mi madre': fíjense que 'mis padres', para los sexolingüistas, es equivalente a 'mis madres', apto solo para parejas homosexuales. ¿Comprenden la aberración que supone el nombre de las AMPA -Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos-, que han sustituido tristemente a las APA? Según los sexolingüistas, no podemos ir a casa de los suegros, sino del suegro y la suegra, ni de los tíos -el tío y la tía-, etc.

Finalmente, 'los coches y las motos han de ir provistos de matrícula'. ¿O mejor 'provistos/provistas'? Si llevas el pantalón y la camisa sucios, ¿deberá ser sucio/sucia? Pero supongamos un sexolingüismo rebajado, que admita el masculino cuando no intervenga el sexo -o sea, 'motos y coches provistos', 'pantalón y camisa sucios' pero 'conductores y conductoras provistos y provistas'-. ¿Habrá que ir pensando en cada momento si los géneros diferentes se refieren a sexos diferentes? El 'sexolingüismo' nos obliga a pensar siempre en el sexo: ¡eso sí que es sexismo en el lenguaje!

Como ven, señores, esto no hay quien se lo trague. En conclusión, olvidémonos del 'sexolingüismo'. Es una solemne tontería, una normativa ridícula, fruto del calentón de alguna mente acomplejada. La lengua está muy bien tal como está.

lunes, 26 de octubre de 2009

ERC o la política como estética


La opinión de Carlos Silva, asesor del Parlament de Catalunya y ciudadano hospitalense.


La crónica de los últimos días nos devuelve a ERC en gloriosa plenitud, convertidos en los auténticos estetas de la política catalana. La semana de celebraciones que empezó con un remake personal de la noche de Walpurgis, concluyó el pasado domingo con la ascensión en cuerpo y alma del ungido a los montes santuario de Nuria y el Puigmal. Sostenía Walter Benjamin que el Fascismo significaba la introducción de la estética en la vida política. Con estos actos públicos ERC entronca, pues, con una de esas tradiciones de antiguo tan de su agrado, de manera que sólo a través de un análisis estético podemos llegar a tener una intuición del significado de sus actos públicos.

Empecemos por el principio. La marcha nocturna de antorchas en recuerdo del Presidente Companys. Por si sola, la asociación de fuego y noche nos permite un viaje a través de la historia universal de la infamia: aquelarres, autos de fe, los desfiles de antorchas en el congreso del Partido Nazi en Núremberg en 1934. La muerte como escenografía imponente, atemorizante, de fondo, y el fuego que limpia, que ilumina, que profetiza el alba de un nuevo amanecer, de un nuevo orden. Mala poesía para un conjunto de malos actores. Me quedo con la parodia, siempre mucho más próxima al núcleo de verdad de las cosas. Me quedo con la primera asociación de ideas que me vino a la cabeza cuando me topé con las imágenes de Puigcercós, Laporta y Portabella desfilando silentes, circunspectos, sus rostros iluminados con el reflejo ámbar de las llamas. Me quedo con la imagen del Ku kux klan, los grotescos penitentes, y como, por un momento, imaginé que al llegar al final de su paseo no les esperaría un púlpito desde el que lanzar sus soflamas extáticas, sino una gran estelada incandescente alrededor de la que se dispondrían de manera ordenada, obediente, un poco ridícula, como preguntándose ¿y ahora qué?

El instante epifánico no llegaría hasta el fin de semana siguiente con el acto de proclamación de Puigcercós como candidato a la Generalitat en el santuario de Nuria y su secuela en forma de ascenso al Puigmal. Algunos lo podrían interpretar como una prueba de la existencia de Dios, pero lo cierto es que el tiempo ayudó a subrayar el aspecto ceremonial, ritual, del acto. Joan Puigcercós, los brazos extendidos, el santuario de Nuria como telón de fondo, reforzando, debido al frío, el abrigo de su escasa americana con un chaleco cortaviento que le proporcionaba la tirilla curial de rigor, nunca tuvo mayor aspecto de párroco rural. El elegido, tendiendo sus brazos, se ofrecía en sacrificio a su pueblo: ““¡Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz! Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya” Entonces, se le apareció un ángel que le confortaba.”

Grande como es la tentación de seguir el hilo de la pasión, muerte y resurrección de Cristo como referente de nuestro análisis iconográfico de la escenografía republicana, la auténtica madre del cordero (pascual, en este caso) la encontramos en la épica del Éxodo y el mito de Moisés liderando al Pueblo Elegido hacia la Tierra Prometida, en concreto en el episodio del Monte Sinaí y la alianza entre Yahvé y el pueblo de Israel. A los tres meses de salir de Egipto, Moisés y los hijos de Israel fijaron sus tiendas a los pies del monte Sinaí, tras lo cual Moisés subió a lo alto para hablar con Dios a solas. Éste le expuso las condiciones del pacto: “Si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Moisés, todo hay que decirlo, no tan cargo electo como Puigcercós, aceptó y Dios le transmitió la sabiduría contenida en las tablas de la Ley. Del mismo modo, con una ingenuidad y un infantilismo dignos de mejor empeño, Joan Puigcercós, acompañado de otros reconocidos escaladores de acantilados como Joan Puig, ascendió hasta la cumbre mítica del Puigmal, una vez ungido por su pueblo a los pies del santuario. Allí, selló de forma simbólica su pacto con el destino y la nación catalana plantando una estelada en la cima (aquí notamos la interferencia de las narrativas heroicas de Edmund Hillary y la coronación del Everest y Neil Armstrong y la llegada del hombre a la Luna). Hasta aquí todo encaja. Incluso los tres meses previos en el desierto de Moisés y los israelitas parecen una alusión vaga al preámbulo del gobierno tripartito. Pero, quizás, no todo esté ya dicho. Hay una parte de la historia que debería preocupar al líder y candidato independentista.

Al descender del Monte Sinaí, Moisés descubrió que los israelitas se habían cansado de esperar, de dilaciones, de oír promesas que acababan en nada, y, en su ausencia, habían construido un becerro de oro al que adoraban desenfrenados, pensando que tanto Dios como su líder se habían olvidado de ellos y que estos dos viejos ídolos eran cosa del pasado y ya no podían ofrecerles nada. Quizás la réplica de Esquerra a este capítulo de la historia esté todavía por escribir o esté siendo escrita en estos momentos. Quizás pronto veamos a un Puigcercós atónito, desconcertado, ante el espectáculo de sus propias huestes danzando embriagadas alrededor del becerro de oro de Reagrupament y las promesas de Carretero, su sumo sacerdote, de liberación de la buena, de la de verdad.

Lo preocupante de los despliegues escenográficos, ramplones pero voluntariosos, de ERC no es la mayor o menor sensibilidad estética que demuestran, sino la predominancia en ellos de un tema literario, el del artist manqué, o personaje frustrado, que incapaz de convertir en acto sus propias ambiciones, de transformar en arte la realidad, acaba intentando transformar la realidad en arte. Don Quijote es un artist manqué. Madame Bovary es una artiste manquée. Los asesinos en serie son, desde un punto de vista narrativo, artistes manqués. Adolf Hitler era, definitivamente, un artist manqué. Lo cual, cerrando el círculo, nos lleva de vuelta a Walter Benjamin y el principio de este artículo. Concluía, Benjamin, el pensamiento con el que abría este escrito sosteniendo que todos los esfuerzos dirigidos a hacer de la política una estética culminan, inevitablemente, en una sola cosa: la guerra. Por supuesto, eran otros tiempos y el filósofo alemán no hacía sino presentir la catástrofe que se cernía sobre Europa y que se llevaría su propia vida por delante. Por supuesto, el significado de sus palabras iba dirigido a un análisis más profundo, no sólo del fenómeno del fascismo, sino de los modos de producción y la sociedad de masas. Pero a veces es imprescindible simplificar o agarrarse a la anécdota para llegar a la verdad de las cosas. Puigcercós y ERC deberían meditar cuando fomentan de forma irresponsable la fractura de la sociedad catalana y se auto engañan con ensueños en que todo es posible de manera indolora, sin fricciones, la conclusión espontánea de un proceso inevitable. ERC y el independentismo catalán juegan con fuego real, un fuego que quema más que el de las antorchas nocturnas, al intentar convertir sus fantasías en realidad a cualquier precio y a despecho de cualquier consecuencia, manipulando, con sus escenificaciones de cartón piedra, la opinión de una ciudadanía aletargada, pasiva, a merced de unos adolescentes irresponsables.

domingo, 25 de octubre de 2009

La guerra de las heces


Antoni Puigverd en La Vanguardia


Como el adicto sexual contemplando un espectáculo pornográfico, los socialistas y sus compañeros de viaje se frotan las manos ante la posibilidad de que el PP se hunda en sus miserias. Esta euforia tiene peligro: revela sin rubor la propia debilidad. Incapaz el PSOE de mantener la confianza de los ciudadanos en sus proyectos, debe insistir en la demonización del PP. Lo mismo sucede en Catalunya: es casi obscena la euforia con que el PSC ha hincado el diente en el muslo de CDC por la vinculación de las execrables cuentas del Palau con la Fundació Trias Fargas. Revela una impotencia irreparable: después de seis años de gobernación de la Generalitat, todavía la suerte del PSC depende de los fallos de un partido que lleva años en el más puro ostracismo. La respuesta de los partidos atrapados con las vergüenzas al aire es el ventilador. Intenta el PP que el foco mediático se aleje un poco de Valencia y se fije algo en Andalucía (líos familiares de Manuel Chaves) o Castilla-La Mancha, cuya Caja de Ahorros, dirigida por un conspicuo (¡y moralizante!) socialista, ha dejado un agujero en el que podrían enterrarse unos cuantos émulos de Don Vito. Lo mismo hacía ayer Artur Mas recordando que, si las cuentas de la Trias Fargas son feas, no lo son menos las que vinculan la obra social de Caixa Catalunya con la Rafael Campalans, fundación del PSC. "¡Y tú más!".
La política se está convirtiendo en un vertedero de basuras y muchos ciudadanos de buena fe lo lamentan, deprimidos. Habrá que hacerles una pregunta dolorosa: "¿Creen todavía en los Reyes Magos?". Mejor que lamentarse ante la monumental letrina, mejor que esperar la llegada de un profeta que nos libre de unos males característicos de la condición humana, mejor que discursear en plan Savoranola contra los vicios de la política, mejor que todo eso es recordar qué cosa es la democracia: no la Academia de Platón, sino el terreno de juego en el que unos conflictos dirimidos a tiro limpio en otras épocas, ahora se confrontan con malas artes, pero pacíficamente. La democracia es el comercio de los intereses. Los intereses se revisten con ropajes ideológicos, pero acostumbran a ser intereses humanos, demasiado humanos. No es extraño que, de vez en cuando, los ropajes, gastados por el uso y convertidos por la crisis económica en harapos, acaben mostrando los intereses al desnudo. Las heces del Palau desempatarán la lucha a muerte que se libra desde hace años por la Generalitat. Y las del clan del Bigotes mantienen vivo el pulso entre los dos grandes partidos, un pulso que la crisis económica decantaba de manera irreversible.

¿Demasiado cínico? Contéstenme sinceramente: ¿Qué creen que es más verdad: la entrada de Zapatero en una mezquita proclamando la paz, la procesión de las antorchas por Companys, con su liturgia de martirologio laico, el apoyo del PP a la causa antiabortista o la guerra de las heces?

sábado, 24 de octubre de 2009

Teatro, toros, cine.


La opinión de Albert Boadella en La Razón.


Una nueva ley... Esta música me suena. Es la funesta manía de legislar, por llamarlo de alguna manera, cuando lo que se quiere es controlar. También se subvencionó el teatro en catalán con la buena intención de protegerlo. ¿Protegerlo de quién? Y ahora también se ha legislado para acabar con los toros. No hay que darle más vueltas: estamos ante un proceso de secesión de Cataluña que va tocando todos los ámbitos. Lo que sucede es que ahora se intentan buscar las fórmulas legales para ponerlo en práctica, hecho que no debería sorprenderno. En Cataluña, que esta ley de Cine vaya a perjudicar a los distribuidores y a las salas, tiene una mínima importancia: todo está aderezado por un «staff» de gente que va dictando estas cosas; sin embargo, el problema es que la ciudadanía calla, en este y en otros asuntos. Ellos podrán dictar lo que les parezca, pero nadie va a levantar la voz. Los medios catalanes son los primeros que no van a decir nada o si lo hacen será de manera sutil porque forman parte del régimen en Cataluña. Todo está basado en un modelo nacionalista completamente radical, es lo que hay. Se avanza milímetro a milímetro en cada sector de la sociedad. No existen, por ejemplo, compañías de teatro en lengua castellana en Cataluña; las pocas que actúan allí son de fuera, un hecho que ha sucedido con el beneplácito de toda la profesión teatral, no ha habido ni una sola protesta dentro de un colectivo que siempre se llena la boca con el concepto de libertad. Y el mundo del cine no es ajeno a este contexto. Esta situación puede provocar que se acabe haciendo un cine pequeño. Y es que el catalán es un cine de mínimo interés.

viernes, 23 de octubre de 2009

Eduardo Mendoza y la omertá catalana


2 preguntas de las que han hecho a Eduardo Mendoza en El Cultural.


-¿Cree, de todas formas, que la aprobación del Estatut vuelve a abrir una brecha con el resto de España?
-Creo que sí, y es parte de este malvivir que llevamos; creo que hay muchas negociaciones pendientes, mucha comunicación que reestablecer, y un evidente victimismo catalán que no nos hace ningún bien, y que se complementa con la omertá que a veces nos explota en la cara, como en el caso del Palau.

-¿Omertá, ley del silencio?
-Sí, porque habían convertido el Palau en un símbolo del catalanismo, sin que tuviera que serlo, y de pronto se nos cae. Y ahora no saben qué hacer. La diferencia con el pasado es que ahora los sinvergöenzas acaban en la cárcel con sus cómplices, aunque debemos ser un país riquísimo porque a pesar de los escándalos de Marbella, Görtell, De la Rosa y demás no hay pueblo perdido que no tenga su polideportivo de Norman Foster.

jueves, 22 de octubre de 2009

¿Por qué llaman género al sexo? (III)


Jesús Royo en La Voz Libre.

El 'sexolingüismo', vamos a llamarlo así, pretende que el masculino sólo deba usarse para el sexo masculino, no para el 'término genérico', que incluye a machos y hembras. Eso significaría que el sexo es obligatorio: si existe un femenino que indica sexo femenino, el masculino sólo puede referirse al sexo masculino y no al grupo que incluye ambos sexos.

Es decir, si existen 'las vascas', que se refieren a las hembras, entonces 'los vascos' sólo puede referirse a 'los vascos varones': ergo, para referirse a 'las personas vascas' deberemos decir, tal como decía Ibarretxe, "vascas y vascos".

Eso implica que deja de existir el significado 'genérico': sólo nos podemos referir a machos o hembras, no al conjunto. Si queremos hablar del conjunto de los dos sexos, debemos sumarlos: vascos y vascas. De repente, dejamos de tener en la lengua todo un grupo importantísimo de significados, los 'términos genéricos' en que no se contempla la 'marca de sexo'. Perderemos los significados de, por ejemplo, 'obreros, paisanos, profesores, conductores, perros, ciudadanos, políticos, enfermos, padres...' y deberemos sustituirlos por 'obreros y obreras, paisanos y paisanas, profesores y profesoras, conductores y conductoras, perros y perras, padres y madres, etcétera'. ¿Ustedes creen que es defendible una tesis semejante? Pues los 'sexolingüistas' la defienden, porque si no, dicen, sería un sexismo intolerable. A mí, señores, se me escapa la razón de que eso sea sexismo y de que sea intolerable. ¿No creen que, en todo caso, es más sexista la postura que decreta el sexo obligatorio para el masculino, o sea que si hablamos de 'los perros' sólo podamos entenderlo como 'los perros machos'?

Tenemos un caso en el que usamos el femenino en vez del caso, digamos, 'neutro': en las expresiones 'despedirse a la francesa', 'habas a la catalana', ¿resulta ofensivo referirse a un hombre -varón- como que viste 'a la italiana'? Y puestos a que resulte ofensivo, ¿no creen que es una ofensa para los varones que nuestro sexo quede ambiguo, que sea prescindible, que haya que explicitarlo, mientras el sexo femenino siempre se da por supuesto? Señores -y aquí incluyo a las señoras, claro-: esto no tiene pies ni cabeza.

Pero hay más. Hay algunas palabras en que el sexo sí es obligatorio: no admiten el significado 'sin sexo' o 'con ambos sexos'. Es el caso obvio de 'varón-hembra', pero también el de 'dama-caballero': para referirnos al conjunto sólo podemos decir 'damas y caballeros'. Los 'caballeros' siempre son machos. Igual que la palabra 'marido'. Pues bien, los 'sexolingüistas' pretenden que todas las palabras susceptibles de tener sexo, como 'niños', sean como 'damas y caballeros', con el sexo incorporado y siempre presente.

Todo este pleito es inventado, basado en una ofensa inexistente. Es un error decir 'obreros y obreras', porque 'obreros' ya incluye a 'obreras': sería como decir 'muebles y sillas'. Si queremos despejar la ambigüedad de 'obreros' diremos 'los obreros varones' o 'los obreros, varones y hembras'. Eso, cuando el contexto no lo deje suficientemente claro, que casi siempre lo está.

martes, 20 de octubre de 2009

El Puigmal y los cojones


La opinión de Manuel Trallero


El señor Joan Puig ha subido al Puigmal en compañía de destacados miembros de ERC tras el congreso extraordinario celebrado en Núria. Ya me gustaría saber a mí la que se armaría si el PP hiciera un congreso en El Escorial, pongo por caso. Por lo visto esto de subir montañas con fines políticos ya sea para sufrir una revelación (Pujol de jovencito en el Tagamanent), fundar un partido en Montserrat o para convocar elecciones como hizo el presidente Pujol desde la cima del Aneto es una cosa intrínsecamente catalana, algo así como Moisés recogiendo las tablas de la ley en las alturas.

Ignoro por completo si el señor P. J. tiene o carece de esos artilugios viriles, antes llamadas “las partes” y también conocidas como “las vergüenzas”, que por lo visto son necesarios para ascender al Puigmal. Pero recurrir a la testosterona para explicar la “inimaginable” ascensión desde Núria al Puigmal, donde ni siquiera hay mil metros de desnivel, produce un cierto repelús, y dudas sobre el coeficiente mental del señor Joan Puig y de aquellos que le permiten decir semejantes sandeces.

Lo que sí puedo asegurar es que un servidor habrá subido a esa “colina con vacas” como se la define en el Centre Excursionista de Catalunya una veintena de veces. Y estoy en condiciones de afirmar que si yo he sido capaz de ascender a semejante montaña, no es que pueda subir el señor P.J —es que puede subir hasta el Pato Donald. En la cima del Puigmal he visto desde cocinar una paella por un grupo de señoras valencianas, bombona de butano en ristre, hasta bailar una sardana con cobla incluida. Lo siento mucho pero de verdad que no es el Everest ni el K-8.

¿Por qué llaman género al sexo? (II)


Jesús Royo en La Voz Libre.


El género es de las palabras. El sexo es de las -algunas- cosas, los animales sexuados. En la lengua, sólo unos pocos de esos animales sexuados incorporan el sexo a sus nombres y, entonces, diferenciamos macho y hembra: caballo-yegua, gallo-gallina, oveja-cordero, perro-a, gato-a, león-a...

Pero no 'jirafa', que es femenino independientemente de que sea macho o hembra; o lo mismo sucede, por ejemplo, con dinosaurio, rata o ratón. Pero sobre todo, hay un animal en el que el sexo es importante, decisivo: es el hombre, en el que se oponen hombre-mujer. La mayor parte de los nombres que incluyen el rasgo 'hombre' podrán aplicarse el rasgo 'sexo': profesor/a, catalán/a, suegro/a, yerno/nuera, caballero/dama...

¡Atención! Dijimos que los nombres tienen adjudicados un género, uno sólo. Entonces, ¿por qué hay nombres que cambian de género, como gato-a? La respuesta es: no cambian de género, sino de sexo. Los adjetivos sí cambian de género: adoptan el del nombre al que complementan. Pero los nombres no cambian de género. El cambio de gato a gata es un cambio de 'cosa' -independientemente de que sea 'poca cosa'-. Son dos nombres diferentes, tan diferentes como gallina-gallo o mujer-hombre. En gato-gata no hay un cambio de género, sino de sexo: la terminación 'o-a' aquí no es un gramema, sino un sufijo. La lengua usa los sufijos para ahorrarse palabras: con una misma raíz como 'gat', usamos el sufijo de sexo 'o-a' para referirnos a los dos sexos de una misma especie.

Pero resulta que, en los casos en los que es pertinente el 'morfema sexo', siempre el sexo masculino es de género masculino y el sexo femenino es de género femenino. Ahí está el quid de la confusión entre género y sexo. Es decir, el macho gato es de género masculino, porque existe el nombre de la hembra, gata, de género y sexo femenino. Por la misma razón, el caballo-macho será masculino porque existe yegua, hembra y femenino. Pero el macho jirafa es de género femenino, porque no existe la oposición de sexo, es decir 'el jirafo'.

En estos casos en los que hay 'morfema sexo', si queremos referirnos a ambos sexos, o si queremos hacer abstracción del sexo, usamos el género masculino: 'el hombre' puede significar 'toda la especie humana' o 'la mitad de ella, los machos'. Es decir, el género masculino en estos casos sirve para designar dos cosas diferentes: el todo y la parte. Se trata del fenómeno de la homonimia: hay tres significados (genérico, macho, hembra) y sólo dos significantes (masculino, femenino) y el masculino se aplica a los dos primeros. Por lo tanto, el masculino es ambiguo. Las ambigüedades a las que da origen se suelen resolver por el contexto. Si digo "el profesor debe vestir correctamente" seguramente me estoy refiriendo a ambos sexos, profesor y profesora. Pero si digo "las alumnas se enamoran del profesor", seguramente me refiero al profesor de sexo macho. Es así de simple: tan simple como la ambigüedad de 'banco', en que adivinamos si es 'para sentarse' o 'para sacar dinero' sólo a partir del contexto. Puede haber gente a la que pongan nerviosa las ambigüedades, pero es la cosa más corriente de todas las lenguas. Pedir que se diga "el profesor/profesora debe vestir correctamente" es lo mismo que exigir que en la frase "se rompió una pata del banco" se explicite 'banco-de sentarse'. Una memez.

domingo, 18 de octubre de 2009

Cruz y raya


Yo reventé entonces: cuando vi que había gente a quien molestaba que se dijeran cosas que a mí me parecían normales. Ahí empecé a ponerme mosca.
O sea que, de repente, caigo en la cuenta de que me han hurtado mi lengua, de que me han hurtado mi historia, de que no me dejan explicar y defender lo mío... Y en ese momento es cuando digo: "Cruz y raya. Se ha acabado.

sábado, 17 de octubre de 2009

Un "chuloputas" anda suelto por Catalunya


La opinión de Manuel Trallero


Hubo una vez que en Convergència había señores. Señores como Roca, como Alavedra, como Pomés o Ramon Trías Fargas. Eran lo que fueran, pero eran unos verdaderos caballeros. Ahora han venido las rebajas y hemos de sufrir a sujetos de la catadura moral de un tal Agustí Colomines, precisamente director de la fundación Trias Fargas de CDC que tras haber recibido cuantiosas ayudas del señor Fèlix Millet tiene los bemoles de amenazarnos –es decir de chantajear a todo un país, en el estilo más barriobajero y mafioso posible – diciendo que va “a tirar de la manta, poner el país en crisis y convertir esto en Italia”. Si tiene algo que decir que se vaya al juzgado de guardia y lo denuncie. Si lo sabe y no lo hace, incumple gravemente con su deber. Si no habla y se calla nos está injuriando y si no lo cesan de inmediato CiU queda absolutamente a la altura de betún. No vale poner en marcha el ventilador de esparcir la mierda y después hacer mutis por el foro.
Felip Puig se ha equivocado gravísimamente con este sujeto.
Buenas tardes y buena suerte.

viernes, 16 de octubre de 2009

Carlos Zanón: tarde, mal y nunca


Una columna de Loquillo en El Periódico de Catalunya.


El pasado 11 de septiembre, un grupo de trabajadores abroncó al presidente de la Generalitat, José Montilla, al grito de «Menos Estatut y más trabajo». Supimos hace unas semanas que a la burguesía catalana uno de los suyos les había robado la cartera en su propio Xanadú, el Palau de la Música. Según cifras oficiales, Barcelona va a la cabeza en lo que a número de asesinatos se refiere, la delincuencia global se ha instalado en Barcelona con los gastos pagados. Un ejemplo: la heroína ha vuelto a venderse a precio de saldo para captar nuevos clientes, mientras la beautiful independentista se pasea por la Rambla con el brazo en alto y los cuatro dedos extendidos.
Rabinad, Marcé, Candel y Vázquez Montalbán narraron la vida y obras de la Barcelona de la guerra civil, de la posguerra, la emigración y el tardofranquismo. Años después, fue Casavella quien retrató la Barcelona posmoderna (la moderna nunca existió). Hoy es el poeta y escritor Carlos Zanón (Barcelona, 1966) quien, desde su novela Tarde, mal y nunca (Saymon Ediciones), nos describe la Barcelona real, la de ahora mismo, la de las calles y barrios golpeados por la crisis económica y deteriorados. Un rostro urbano que da al traste con la bucólica imagen que nos han querido vender desde el ayuntamiento.
El párrafo que sigue, de Carlos Zanón, muestra una visión de Barcelona a la que muchos están poco acostumbrados:
«El barrio hace tiempo que está harto. Los chicos, aburridos. Blancos, amarillos o negros. En eso sí que coinciden, mientras que los viejos no olvidan que, de un modo u otro, ellos también han sido estafados. Tolerancia, diversidad y mestizaje son pedazos de eslóganes que quedan bien en editoriales que en el barrio nadie lee, canciones que no se escuchan o discursos escupidos por políticos a los que muchos ni siquiera pueden votar. Y la gente vive, se quiere y se odia y soporta como mejor puede. Unos llevan pañuelos, otros hacen demasiado ruido con las radios, y muchos recuerdan con nostalgia cuando la ciudad era una señora de anchas caderas, rancia y distinguida, que sabía esconder la basura bajo alfombras y calabozos».