miércoles, 30 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (55)


Ayer era yo la mar de feliz con la metáfora de mi viejo compañero de cinefilias Manuel Hidalgo ("Como una casa", El Mundo 16-10-98: 2): España es una realidad como una casa, con varias familias que habitan en ella pisos diversos pero transitan por los ámbitos comunes, utilizan los servicios colectivos y, faltaría más, contribuyen a cubrir los gastos generales del edificio.
Pero la alegría dura poco en la casa del pobre. Di con la baldosita de Gabriel Jaraba ("Un derecho colectivo, por ejemplo", El Periódico 16-10-98:9), viejo compañero de antifranquismo en el Diario de Barcelona de cuando el franquismo. Decía Jaraba: "Ciertos intelectuales de izquierdas (se refiere sin nombrarlos a los firmantes del segundo manifiesto del Foro Babel) están empeñados en demostrar científicamente que los titulares de los derechos humanos solo pueden ser individuos y no colectivos. "Cita como derecho colectivo la resistencia al invasor y añade que en la Francia ocupada por los nazis tales intelectuales "deberían haber sido acusados de colaboracionismo por la resistencia".
Parece imposible superar el desatino de tamaño parangón, pero en el siguiente párrafo el directivo de TV3 (ignoro si sigue siéndolo pero haberlo sido imprime carácter) utiliza la expresión "ilustrados cosmopolitas" de modo sin duda peyorativo y afirma que éstos "se comportan en la práctica como criptonacionalistas españoles", que son una "nueva izquierda radical-chic" (expresión acuñada por el estupendo y muy carca Tom Wolfe) "neoespañolistas", que "ejerce un efecto devastador sobre el catalanismo de izquierdas".
El nacionalismo se cura leyendo. Si esos periodistas que por prebendas o por fe llevan veinte años dando apoyo logístico en papeles y pantallas a la dictadura blanca que nos gobierna por voluntad popular, si esos cómplices objetivos del nacionalpujolismo que va de Duran Lleida a Ribó y Lucchetti supieran leer, entenderían, gracias a majaderos delirantes como Frantz Fanon y a sabios sensatos como Eric Hobsbawm o Joan-Lluís Marfany ("El catalanisme és tot ell, sense excepció, d´un conservadurisme de pedra picada"), que hablar de "catalanismo de izquierdas" es un contrasentido en sus propios términos, y no lo pongo en latín para que no me llamen cosmopolita ilustrado.
Más grave, sin embargo, lo dije hace ya algún tiempo, es que se haya llegado a una situación en la cual "catalanista" o "nacionalista catalán" son elogios cuando no santificaciones laicas, mientras "criptonacionalista español" o "neoespañolista" constituyen insultos peligrosos.
Habría que recordar de nuevo a lo "jarabas" cosas tan elementales como que el nazismo se basaba en los derechos "colectivos" del pueblo alemán, que el colaboracionismo se lo sacaron de la manga los muy nacionalistas franceses de Pétain y Laval, que el más ilustre "teórico de izquierdas" que ha tenido la autodeterminación de los pueblos fue el funesto ex seminarista José Stalin, asesino de libertades y de 20 milllones de personas, que en estos momentos la mayor parte de los muchos litros de sangre que empapan el mundo se vierten en nombre de las identidades colectivas...
Pero será mejor aconsejarles otra vez que lean. Que lean por ejemplo "El asedio a la modernidad", del argentino Juan José Sebreli. Mientras ellos se ilustran, yo me permitiré reanudar mi placentero diálogo con la metáfora de Hidalgo: "No vemos razón -dice- para que ningún vecino quiera construir otra escalera, directa a su vivienda, o pintar de verde el trozo de su fachada. "No, Manolo, no, estos constructores periodísticos no quieren pintar trozos de fachada ni hacerse una escalera nueva: lo que pretenden es ir haciendo subrepticiamente un piso llamado Catalunya, hasta que los demás vecinos acepten con resignación o alivio el hecho consumado de que aquello es ya otra casa y que más vale aceptarlo que matarse por impedirlo. ¿Y lo quiere aí la mayoría de los habitantes del piso catalán? No. Por eso, en realidad, preguntárselo en un referéndum no le interesa al nacionalpujolismo. Con ese espantajo solo pretende inquietar a los vecinos.

Nada por la patria. (54)


Sí: el castellano, en Cataluña, está discriminado. Porque es la lengua de los pobres, aunque sea también la de los ricos, que antes del funesto Francisco Franco ya hablaban castellano con sus hijos y reservaban el catalán para los "pagesos" que les cuidaban las fincas.
Lo había explicado el lingüista norteamericano Charles Fergurson en 1959 en el artículo "Disglosia", donde ponía en circulación un término que durante años hizo furor entre los catalanistas reivindicativos. Luego lo fueron abandonando, porque el nacionalpujolismo iba imponiendo su normalización lingüística y al invertirse la situación el argumento diglósico se volvía contra ellos.
Fergurson, a partir del estudio de cuatro casos (el árabe, el alemán suizo, el griego moderno y el criollo haitiano), determinaba que había lugares donde existían dos variedades de una misma lengua: la A (alta) y la B (baja). Para decirlo deprisa, porque el espacio que se me ha impuesto no da para más: la variedad A era superior porque se reservaba para los usos oficiales, se aprendía en la escuela y daba prestigio, mientras la B quedaba relegada al ámbito familiar y los usos informales.
Luego Joshua Fishman dijo que la disglosia podía darse en el contacto entre dos lenguas diferentes por ejemplo, el inglés (lengua A) y el yiddish (lengua B) de los judíos norteamericanos. Los sociolingüistas catalanes se agarraron a la teoría de Fishman como a la tabla de salvación: el español era la lengua A, el catalán la B.
Después los patriotas catalanes fundamentalistas penetraron en los intersticios de la dictadura blanca pujolista (Tarradellas dixit) y pusieron todo su ahínco en invertir la situación: el catalán pasaría a ser A y el español, B. Por eso el castellano está discriminado: no se enseña geografía ni física con él en la escuela, no figura en los papeles que manda la Generalitat, está mal visto que se use en un claustro universitario, quien busca trabajo procura dirigirse en catalán al posible patrono...
Según el nacionalismo lingüístico es una guerra: una de las lenguas tiene que morir. Los patriotas procuran erradicar el castellano, único modo a su entender de evitar la muerte del catalán. Empeño criminal pero vano, porque el castellano avanza día a día. En la literatura, en el cine, en la televisión privada, en los patios de los colegios -"Hemos ganado el aula pero hemos perdido el patio", constata el ultranacionalista catalán Joan Triadú-, en la calle, en las discotecas, en la vida toda en fin.
A medida que retrocede en el uso oficial y formalizado, el castellano avanza en el uso real y vivo. Los fundamentalistas del catalán, cual tortuga armada panza arriba, han decidido morir matando. Por eso discriminan al castellano, separando cada día más lo oficial de lo real. Franco no consiguió terminar con el catalán. Ellos no conseguirán acabar con el español. Pero, mientras tanto, los niños siguen siendo víctimas de su pasión inútil.

martes, 29 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (53)



Los políticos de CIU y el PP, matrimonio en Madrid y pareja de hecho en Barcelona, más los lacayos de tecla o micrófono encargados de maquillar la realidad según las conveniencias del poder, dicen que se acabó la polémica sobre cómo se enseña español en Cataluña. Otros piensan que hay que seguir hablando del asunto. Los ciudadanos afectados, por ejemplo, o los periodistas escarbadores. Los que piensan, siguiendo a Mark Twain traducido por Lluís V. Aracil, que su tarea consiste en "dir la realitat" que sus propios colegas van tapando.
Maese Umbral, la más poderosa intuición lingüística en la España del siglo que termina, ha dicho que en las escuelas de la Cataluña pujoliana se está inventando el espatalán. Pues sí. Añadiré que es la lógica venganza de los profesores de catalán, que llevaban tiempo denunciando el avance del "catanyol", indeseable monstruo nacido del contacto entre la purísima lengua catalana y el violador español: contra catanyol en la calle y el patio, espatalán en el aula.
No es cierto, en general, que las clases de castellano se den en catalán y con libros en catalán. Sí lo es que el castellano es tratado en las escuelas públicas catalanas como lengua extranjera. Un niño de 10 años suele tener tres horas semanales de inglés y dos de español. La maestra llamada Neus dice llamarse Begoña antes de empezar a hablar en castellano, para que las criaturas tengan claro que aquello es una comedia y no forma parte de la vida real del aula, que por supuesto se desarrolla solo en catalán.
El libro de inglés se titula "Big Red Bus" e incluso su página de créditos está en iglés de cabo a rabo, desde "Heinman English Language Teaching" hasta "Printed and bound by Mateu Cromo, S.A. Madrid". El libro de español se titula "Castellà" y su página de créditos está íntegramente en catalán, desde "Autors: Carme Minguella..." hasta "Imprès a Roll Press, S.L., Carrer Londres, 98, 08036 Barcelona". Pero claro está, eso no es lo grave. Ni siquiera lo es que Minguella ys sus cómplices empiecen diciéndole al niño "haz una cruz en la casilla" en lugar de "pon una cruz", que es lo que diría cualquier usuario competente del castellano.
No. Lo grave es que Miguella & Co. pierdan buena parte de las míseras dos horas semanales de castellano intentando que niños y niñas aprendan a diferenciar fonéticamente "vaya" de "valla", cuando tal distinción ya no existe en el español estándar real -¿han leído a Navarro Tomás, Alarcos Llorach, Quilis, Mosterín...?-, aunque sí en el catalán: por eso a un madrileño o a un porteño les cuesta tanto pronunciar "Sabadell" o "armilla" como Dios y Fabra mandan. Bueno, pues a los niños que hablan bien les enseñan a hablar mal. Así se fabrica en las aulas del espatalán.
Menos mal que, según cuenta Joan Rendé en Avui de anteayer, Antoni Bassas le preguntó a Esperanza Aguirre en Catalunya Ràdio " si no era una conveniencia pedagógica que las primeras lecciones de grado elemental de una lengua que no es la doméstica del alumno se hicieran en la lengua natural de este". La ministra, según Rendé, contestó que en Cataluña no puede hablarse de "conocimiento elemental del español". Concluye Rendé: "Si hiciéramos caso de esa suposición y cortásemos por lo sano haciendo las clases en español a los niños de familia catalanohablante sin una sola indicación en catalán, más de un chaval se quedaría en la higuera."
Bassas y Rendé, defendiendo la enseñanza del castellano en catalán, acaban de cargarse la inmersión monolingüe catalana, que se basa exactamente en no hablar nunca en la lengua "doméstica" del alumno, que es el castellano. ¿Cuántos chavales de familia castellanohablante se quedan en la higuera? No hay mal que por bien no venga, como dicen que dijo Franco cuando voló Carrero Blanco.

Nada por la patria. (52)


La Mequinenza literaria del "Camí de Sirga" de Jesús Moncada es en realidad real y administrativa de ahora mismo un pueblo de tres mil habitantes escasos adscrito a Zaragoza (provincia), Aragón (Comunidad Autónoma), España (Estado), Unión Europea (futurible).
Salvo que sea sordo, cualquier forastero que haya deambulado por Mequinenza ha podido comprobar que lo que mayormente hablan entre sí los lugareños de cualquier edad es el catalán, aunque se pasen al castellano cuando se dirigen al visitante. Al igual que la Fraga de los higos, el Saidí de "La terra retirada" de Mercè Ibarz y otras localidades del Bajo Cinca, las Ribagorzas, la Litera o Matarraña, Mequinenza está en la Franja, esa loncha catalanohablante larga y estrecha incrustada en las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel.
Ahora la delegación del Gobierno en Aragón (aclaremos: del Gobierno central, de Aznar, del PP) ha dicho que no: que la competencia en materia lingüística corresponde a las Cortes aragonesas. El alcalde, que es de IU y se llama Jaume Borbón -todo un apellido-, ha decidido plantar cara con un argumento sencillo y contundente: la mayoría de los vecinos se expresan normalmente en catalán. ¿Por qué la maestra y sus alumnos y alumnas, si emplean el catalán en casa, en la calle y en el patio de la escuela, no han de poder seguir usándolo en el aula como herramienta docente tan válida como el castellano y sin duda más "natural" que este en ese lugar concreto?
Solo el empecinamiento de los nacionalistas españoles irredentos, ciegos y sordos ante la realidad, puede tratar de impedir algo tan normal como que la lengua del patio sea también la del aula. ¿A quiénes llamo nacionalistas españoles irredentos? A quienes, tras considerar conveniente que los niños y niñas hispanos de Estados Unidos sean escolarizados en español porque es su lengua materna, intentan impedir que gocen del derecho equivalente los de Mequinenza, cuya lengua materna es el catalán.
Imaginen ustedes, ya que esta franja bajera del periódico se ocupa más que nada de Cataluña, que en Santa Coloma de Gramanet, pongamos por caso, la lengua familiar de la mayoría de niños y niñas fuese, como en Mequinenza, el catalán, y solo se les pudiera escolarizar en castellano, como allí. ¿No dejaríamos oír nuestra protesta airada ante tamaña insensatez?
Por fortuna, tal cosa no ocurre. La lengua propia de los más de los infantes colomeses es el castellano o español, pero la Generalitat de aquí, gobernada por la coalición que en Madrid apoya a los nacionalistas españoles, escolariza a esas criaturas solo en lengua catalana, que es lo pertinente. No solo por razones patrióticas, que también, pues al fin y al cabo el catalán es la lengua propia de la nación donde viven, sino sobre todo porque es lo que más les conviene a los niños y niñas. Lo contrario, esolarizarles en castellano total o parcialmente, sería discrimianrles de modo negativo, condenarles al gueto. Y eso sería imperdonable. Se ha impuesto el seny, por tanto. Aleluya. En Mequinenza, donde hablan catalán, escuela en castellano. En Santa Coloma, donde hablan castellano... también escuela en catalán. ¿La ley del embudo? Sí: la misma que obliga a decir en TV3 Osca para referirse a Huesca, mientras está prohibido decir Lérida cuando se habla de LLeida.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (51)


La lengua es el asunto más grave en las escuelas de Cataluña. Pero también resulta el más fácil de resolver. Es un falso problema: basta pensar a favor de las personas físicas y no de las esencias patrias para que se esfume.
La lengua no debe ser de los políticos nacionalistas, sino de la sociedad. De la gente. En Cataluña, en nombre de la nación, se le ha robado la lengua a la gente. Con lo cual el catalán es más que nunca lengua de aula (todos los niños y niñas lo aprenden por narices) y cada vez menos lengua de patio: empieza a considerarse con alivio como signo de libertad pasarse al castellano en cuanto el policía lingüístico descuida su fatigosa vigilancia.
Sin embargo, la solución final se perfila en Girona. Allí un profesor de psicología, Josep Maria Serra, se doctoró con una tesis sobre inmersión lingüística en una veintena de escuelas públicas de Cornellà, Santa Coloma de Gramenet, Ciutat Badia, Barcelona (Zona Franca, Nou Barris, Ciuat Vella) y Sant Joan Despí. El ya doctor Serra comparó un grupo de 322 inmersos con otro de 266 que no estudiaban en catalán. Ambos grupos eran de cuarto de primaria (9 años, curso 1994-95), lengua materna castellana y bajo nivel sociocultural.
La inmersión, según el dotor Serra -y al contrario de lo que apuntan estudios anteriores significativamente inéditos-, favorece el aprendizaje escolar general, sobre todo en los infantes con coeficiente intelectual más bajo. Mejoran especialmente en matemáticas, pero también en castellano, "porque -asegura Serra- desarrollan las capacidades del lenguaje que facilitan el aprendizaje de cualquier lengua".
¿Cómo es posible tal milagro? Porque, explica Serra, en la didáctica docente por inmersión "prima el esfuerzo de los maestros por hacerse entender". Cuando la lengua del alumno coincide con la del maestro, "se tiende a pensar que todo lo que se dice en el aula se comprende porque se habla la misma lengua, pese a que por desgracia no siempre es así".
¿Lo captan? La clave del éxito escolar reside en que el maestro utilice una lengua distinta de la que trae el niño. Albricias, pues. Los hipanoamericanos lo tienen fetén: su lengua materna es la misma que la de los catalanes de familia castellana. ¿Y las minorías gambianas o magrebíes? No problem: tanto el castellano como el catalán son desconocidos para ellos y por tanto de validez equivalente para producir los beneficiosos efectos del aprendizaje escolar en lengua extraña.
Sobra solo, en este panorama idílico, el maldito tercio de niños y niñas cuya lengua materna es el catalán. ¿Cómo podrán "desarrollar las capacidades del lenguaje" derivadas de que la lengua del maestro sea distinta de la suya propia, si el maestro emplea, también con ellos, solo el catalán? Se impone, para no discriminar negativamente a esas criaturas, la necesidad de inmergirlas en el castellano cuanto antes. Pero eso ya lo hizo Franco.
Cabría también optar -maestros y maestras son bilingües y mayoritariamente de lengua materna castellana- por que ambas lenguas fueran vehiculares en la enseñanza preescolar y primaria. Pero eso se parecería mucho a la propuesta vidalquadrista y es difícil que el gobierno de CIU, tras haber pactado con el PP, pueda permitírselo sin que le castiguen sus electores. Lástima. Sobre todo por los niños catalanes de lengua catalana.

Nada por la patria. (50)


Según Sebreli, debe desacralizarse y relativizarse el concepto de soberanía territorial y absolutizarse, en cambio, los derechos individuales y la vida humana como lo único sagrado e inalienable. Las condiciones objetivas del mundo actual están en contra de los nacionalismos. Su auge es sólo aparente, lo profundo es la internacionalización. "Aunque se escandalicen las anacrónicas izquierdas", advierte este ilustrado de izquierdas, son los capitales multinacionales -Coca-Cola, Fiat, Bundesbank- los que crean las condiciones materiales para una sociedad mundial. Si las transnacionales no tienen patria, como su propio nombre indica, es suicida que la tengan sus víctimas.
Cuando los nigerianos recogen fresones en el Maresme, los pakistaníes reparten butano por Barcelona y los peones venidos de Casablanca mueren bajo la techumbre del cine Pelayo, daría risa, si no fuese criminal, que en la escuela laven el cerebro de sus hijos con don Pelayo o Guifré el Pilós, Covadonga o Monserrat, la Marcha Real o Els Segadors. Educar para la diversidad significa decir, como aquel viejecillo gordo y simpático llamado Juan XXIII, que es más importante lo que une que lo que separa. Lo que une o separa a las personas una por una, eso sí, por causa de afinidades electivas o aversiones individuales, no por culpa de esas entelequias estúpidas y mortíferas llamadas Iglesia, Nación o Fútbol Club.
Educar, para la diversidad conlleva, por supuesto, ciertas coerciones. Dado que cada persona debe ser tratada como tal y no como integrante de una comunidad u otra, son los derechos concretos de la persona y no los hipotéticos de la comunidad los que deben tener primacía. Del mismo modo que no puede haber crucifijos en las aulas de una escuela pública y las madres subsaharianas de Mataró que extirpan el clítoris de su hija tienen que ir a la cárcel, las niñas musulmanas han de dejar el chador en casa. Etcétera. En cuanto a la lengua... Bueno, este es el asunto más grave en las escuelas de Cataluña.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (49)


Cataluña lleva siglo y medio con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Si hoy tiene seis millones de habitantes en lugar de dos y medio, y por tanto puede funcionar como funciona, es gracias a los españoles de Almería u Orense que vinieron en su día a vivir y tarbajar aquí. Si mañana sigue existiendo y prosperando será en buena medida porque aumentará la proporción de catalanes de origen africano, latinoamericano o asiático, hijos de los que ahora están llegando o fruto mestizo del ayuntamiento entre laias y alís. Más vale que aprendan cuanto antes a vivir juntos y además revueltos, pues el único futuro de Europa es la mezcla. Por de pronto, bueno sería que en lugar de preocuparse tanto por la integración y la identidad, las escuelas comenzaran a darse cuenta de que una de sus tareas más úitles sería ayudar a niños y niñas muy distintos entre sí en el diseño de estrategias convivenciales razonables.

Nada por la patria. (48)


Me parece suficientemente claro que el concepto de primera lengua, bien acreditado en la lingüística científica, podría resultar útil para eludir otros, problemáticos o problematizados, como son los de lengua propia, materna o familiar. Por tanto, una mitad muy amplia de los ciudadanos jóvenes de Cataluña tienen como primera lengua el castellano, la otra mitad el catalán. Cataluña, en consecuencia, posee -si es que queremos hablar de lenguas propias- dos lenguas propias. Y la población infantil del país que tiene como lengua propia el castellano y va a las escuelas públicas recibe la enseñanza en una lengua (el catalán) distinta de la suya primera, ya que toda la etapa infantil de la enseñanza pública, desde los tres años, se hace en catalán.
Hemos comprobado que esto es absurdo e innecesario. Absurdo porque la mayoría de los docentes tiene como primera lengua el castellano. Innecesario porque el catalán puede ser aprendido sin someter a los niños castellanohablantes a la inmersión. Ahora bien: según los inmersores, la inemrsión es buena para los niños y niñas castellanos de Cataluña. Solo recibiendo la enseñanza formalizada en una lengua (el catalán) distinta de la suya primera (el castellano) "alcanzarán" en la "segunda" lengua (el catalán) "un buen nivel".
Si esto es cierto, si la inmersión en una segunda lengua es necesaria para aprenderla bien, ¿qué ocurre con los niños y niñas de familia catalanohablante, que también reciben solo en catalán la enseñanza, ya que en las escuelas públicas el castellano no es otra cosa que una asignatura que comienza a los siete años con dos horas semanales? Pues ocurre que esas criaturas no podrán "alcanzar un buen nivel" en castellano, lo cual significará para ellas una desventaja considerable respecto de sus compañeros y compañeras castellanoparlantes de Cataluña: los castellanoparlantes solo una.
Menos mal, empero, que todos los muertos eran de tercera. Esta minusvalía lingüística no afectará a los hijos de familias catalanohablantes ricas. La inmersión solo es obligatoria en las escuelas públicas, y en Cataluña más de la mitad de la enseñanza primaria es privada: a ella acuden los hijos e hijas de catalanes y castellanos económicamente bien dotados. Ya lo dice subliminalmente la publicidad de los colegios de elite: traiga a sus hijos aquí y aprenderán bien castellano, inglés y catalán.
Si prescindimos del nacionalismo y pensamos en las personas, la disyuntiva es bastante sencilla: o bien la inmersión no es un buen método, y en tal caso no hay que sumergir a los castellanohablantes en el catalán; o bien la inmersión es magnífica, y entonces no podemos privar a los niños y niñas catalanohablantes de Cataluña de su derecho a ser sumergidos en la escuela en el castellano.

Nada por la patria. (47)


El "problema principal" es aquí hoy el mismo que allí ayer: la mayoría de las maestras o jardineras son tas castellanohablantes como la mayoría de sus alumnos inmergidos, cosa que (dejando aparte su "competencia limitada" en catalán) convierte el aula en una representación teatral permanente donde maestras y criaturas se ponen el disfraz lingüístico catalán cuando entran en clase y se lo quitan en cuanto salen.
Y todo eso, tan insatisfactorio y tan innecesario, se hace -lo repetiré- porque, aprovechando que el Estatut de Catalunya define el catalán como lengua propia del país, el fundamentalismo nacionalpujolista determina que la lengua "materna" o "familiar" de la mitad de la población no es la "propia", e impone la otra sea cual sea el precio.
Pero ¿qué es eso de la lengua propia? Dado que los sociolingüistas empecinados, que son los que quieren imponer cueste lo que cueste el concepto racista de lengua territorial, utilizan los de lengua materna o familiar según sus conveniencias, parece oportuno aclararlo: la lengua propia es la primera que aprende a hablar una persona. Aumque es más bien infrecuente, algunas pueden tener más de una lengua primera. Por ejemplo, niños o niñas con un progenitor que habla catalán y otro que habla castellano. Sea como sea, lengua propia es razonablemente asimilable a lengua materna, que es una denominación todavía habitual para primera. Y las lenguas maternas solo pueden ser de las personas, ya que los territorios no tienen lengua ni madre. Si nos movemos dentro de los parámetros de la razón, claro está. Si osamos penetrar en los ámbitos del fanatismo nacionalista, entonces todo es posible.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (46)


Cuando esta línea aparece en la pantalla, Eduardo Sotillos dirige y presenta "El ojo crítico", programa cultural -excelente por cierto- de Radio Nacional de España. Sotillos, que aunque procede del falangismo se movió desde la transición en la órbita del PSOE, fue director de la emisora y, entre otras cosas, primer portavoz del gobierno de Felipe González. Ahora RTVE es del PP, ergo Sotillos a cultura, pues un fijo de plantilla viene a ser como un funcionario y el ente no puede echarle tan a la ligera como la universidad se quita de encima al gurú desprotegido LLuís V. Aracil. De todos modos Sotillos es hombre de rara inteligencia y ampia cultura -el cronista ha podido constatarlo personalemnte en un par de ocasiones-, de modo que incluso es posible que sea más feliz entrevistando escritores que cuando farfullaba como portavoz del gobierno. Rosa Conde o Miguel Ángel Rodríguez le han superado como farfulladores -Sotillos había sido y ha vuelto a ser un muy buen locutor-, pero es que es difícil no farfullar cuando uno sabe que le pagan por mentir, mentir, mentir, aun cuando se mienta por convicción o por el superobjetivo stanislavskiano.

Nada por la patria. (45)


El elogio por parte de quienes no piensan como uno, o incluso militan en campo contrario, suscita con frecuencia mayor gratitud que el de quienes se identifican con las propias ideas. Para este cronista fue muy grato oír a Francesc de Carreras, antiguo militante del PSUC más tarde próximo al PSC, enalteciendo los méritos cívicos de Aleix Vidal-Quadras, ex-presidente del PP catalán caído en desgracia por oponerse a la política lingüística nacionalpujoliana. Más delicioso aún fue oír a Vidal-Quadras haciendo la apología entusiasta del muy irreverente juglar Albert Boadella. Del mismo modo, quien esto escribe no pierde nunca ocasión de decir que Quim Monzó, nacionalista radical según parece incurable, escribe la mejor prosa catalana del siglo y acaso de todos los tiempos, puestos Josep Pla y Josep Maria Espinàs fuera de concurso y teniendo en cuenta que uno ha dicho prosa para poder dejar solo en su merecida cumbre al inmarcesible Ausias March, que se tutea con Shakespeare y Dante..
Pues que si quieres arroz, catalina. Nada.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (44)


El nacionalismo español es malo, incluso parece admisible que alguien suelte un exabrupto como que todos los nacionalismos son malos y conducen al fascismo, pues resulta evidente sin necesidad de demostración, es obvio como decía González o axiomático como prefiere Delgado, que el nacionalismo catalán queda excluido de esa malformación común a los demás nacionalismos, dado que el nacionalismo catalán está más allá del bien y del mal, es natural como el sol y la nieve y el fluir del agua y la rueda de las estaciones. Ningún medio digno de tal nombre ha cuestionado que desde que el mundo es mundo, es decir no ya desde Pujol sino desde Torras i Bages y Prat de la Riba o el conde Borrell o el Homo Antecessor de Taltavull, Catalunya es una realidad intangible, anterior a todos nosotros y que enterrará a nuestros más remotos descendientes se llamen Puigdemolins o Campuzano.