martes, 18 de septiembre de 2012

Bilingüismo histórico


El contacto del catalán y el castellano se remonta al siglo XII, cuando se unieron el condado de Barcelona y la monarquía de Aragón al casarse Ramón Berenguer y la hija de Ramiro el Monje. El reino de Aragón resultante empleaba ambas lenguas en los documentos oficiales.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

viernes, 14 de septiembre de 2012

Federica Montseny


Baste decir que el más poderoso sindicato que ha habido nunca en Barcelona, la CNT, jamás hizo suyas reivindicaciones nacionalistas, ni de tipo lingüístico ni de ningún otro, y su actitud hacía la laegua era de absoluta indiferencia, incluso entre quienes la hablaban, cuando no de hostilidad.
No podía ser de otra forma, dado que las reclamaciones catalanistas de carácter burgués chocaban con su espíritu internacionalista, y porque sus miembros veían la lengua castellana como un vínculo entre los obreros de toda España, sin que eso supusiera un obstáculo al carácter confederal y ampliamente descentralizado del sindicato. La cuestión no era que los obreros fueran de raigambre castellana o desconocieran el catalán. Una de las líderes más populares en esa CNT de los años treinta, Federica Montseny, que dio cientos de mitines en toda España, podía emplear el catalán que se hablaba en su casa cuando se dirigía a un auditorio catalán, pero viajó por Andalucía, Castilla, Galicia, Asturias, Madrid y el País Vasco difundiendo su mensaje revolucionario en español, la misma lengua que empleó en sus numerosos artículos periodísticos y novelas. Es más cuando su amigo austriaco, el sabio amante de las lenguas Max Nettlau, le sugiere que traduzca algunas de sus novelas al catalán o al vasco para usarlas en la propaganda, ella no presta ninguna atención a su comentario.



Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

La seña de identidad de los españoles


No es difícil imaginar qué hubiera ocurrido si la Constitución hubiera atribuido al castellano una cuarta parte de los atributos de las lenguas minoritarias, si se hubiera asegurado que es la custodia de las esencias de la nación, la expresión del genio colectivo, la seña de identidad de los españoles o la lengua que cohesiona la nación. Habrían llovido las críticas al españolismo rancio y se habría clamado contra la voluntad de resucitar la lengua imperial entre pitos y cuchufletas. Pero cuando se trata de proclamas de los nacionalismos periféricos, las consignas patrióticas pasan por ser nobles discursos de defensa de las minorías y preservación del patrimonio cultural.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Meritocracia?


En uno de sus últimos artículos, Juan Ramón Lodares recordaba que en cierta ocasión Jordi Pujol expusó como un éxito de su política lingüística el caso de una mujer que, tras obtener el número uno de su promoción en la Escuela de Judicatura de Barcelona, no podría ejercer en Cataluña por su insuficiente dominio del catalán. El Tribunal Supremo ha avalado como mérito preferente el conocimiento del idioma particular, así que, en aquel caso, otros menos capacitados jurídicamente se vieron favorecidos en su carrera profesional. Pero al margen del prejuicio individual a la muchacha, creo que también es importante para una sociedad preguntarse si no será negativo a largo plazo privarse de tener a los mejores -jueces, arquitectos o veterinarios- a cambio de tener a los más catalanizados. Las sociedades más democráticas y más avanzadas suelen gozar de un alto grado de meritocracia.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

lunes, 23 de julio de 2012

Forjar naciones


En su obsesión por cargar el peso de la identidad a hombros de las lenguas, los políticos nacionalistas han pervertido su esencia más elemental. El fin de las lenguas es mucho más elevado que forjar naciones.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

lunes, 14 de mayo de 2012

Artillería pesada


Las lenguas utilizadas con fines políticos, nacionales o religiosos, se convierten en la artillería pesada de un ejército que combate para reforzar la identidad, para diferenciar y alejar, es decir, por motivaciones radicalmente opuestas al carácter de las lenguas: servir al conocimiento de los otros, a la expresión y el entendimiento de los humanos.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

martes, 24 de enero de 2012

Agitar el fantasma del español como lengua opresora


La única lengua desaparecida en España es el hispanoárabe, erradicado tras la culminación de la Reconquista por motivos religiosos. El español ha convivido de manera bastante pacífica con otras lenguas durante siglos, una tradición que se vio truncada durante el franquismo y se recuperó de nuevo en la Transición. Sin embargo, agitar el fantasma del español como lengua opresora y el catalán como lengua perseguida parece ser rentable para quienes se sirven de las lenguas como armas arrojadizas en la contienda política.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

viernes, 20 de enero de 2012

"La visión catalana del mundo"


Hablar catalán no conforma lo que un célebre informe de la Generalitat de Cataluña sobre los medios de comunicación definía el año pasado como "la visión catalana del mundo", sino que simplemente indica la pertenencia a un grupoo que se define en función de esa misma marca y no por una diferencia étnica, ni religiosa, ni histórica, ni cultural.


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

lunes, 16 de enero de 2012

Sin el español...


Hacer monolingües de una lengua minoritaria a hablantes de comunidades bilingües o proporcionarles un deficiente conocimiento de la lengua escrita, por no trabajar con ella en los textos escolares y relegarla a mera asignatura, equivale a restarles oportunidades de antemano, sin dejarles elección, por más que complazca a coleccionistas de especies endémicas o a extravagantes muñidores de hechos diferenciales. Como ha escrito Ángel López García, los nacionalistas "se equivocan cuando cifran casi todas sus complacencias en una "normalización" que tendría como resultado la pérdida de la plena competencia lingüística bilingüe de sus habitantes. No es el idioma español quien necesita a los hablantes de estos territorios, sino justamente al revés: sin el español, su proyección peninsular, primero, e internacional, después, resulta poco menos que irrealizable".

Lenguas en guerra, IRENE LOZANO.

domingo, 15 de enero de 2012

Tenemos el idioma


Para esa población rural catalanohablante, a la que se encomienda la custodia de las esencias ancestrales y cuya supuesta pureza espiritual se ensalza para mejor mantenerla dominada, los párrocos predican gustosos en las lenguas vernáculas. Con agrado y siendo felices a la vieja enseñanza del Pentecostés, se sumarían al nacionalismo representantes de la religión con frecuencia cultivadores de la filología catalana, como Antoni Griera o el sacerdote Antoni Alcover, autor del Diccionari Català-Balear-Valencià, que decía: "Pues claro que somos una nación. Tenemos todos los síntomas distintivos y el carácter. Tenemos el idioma".


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

sábado, 14 de enero de 2012

A la libre decisión de los ciudadanos


Cuando el federalista Valentí Almirall, autor de "Lo catalanisme", relaciona las ventajas para la región que puede tener el fomento del catalán, lo hace sin reivindicarla como lengua exclusiva: "la cooficialidad de nuestra lengua no debe perjudicar los derechos de ninguna otra y, en cambio, aportará ventajas a nuestra región y contribuirá al progreso general". Almirall intentó hacer del catalanismo la bandera de la izquierda, pero fracasó.
En el Congreso Federalista para la Constitución de un Estado Catalán (1883), la lengua sigue sin salir a colación, lo que hace decir a Vallverdú: "No parece aventurado concluir que preferían dejar la cuestión del uso de la lengua a la libre decisión de los ciudadanos".


Lenguas en guerra, IRENE LOZANO

martes, 10 de enero de 2012

Derecho universal


Pues el catalanismo no estaba de ningún modo dispuesto a respetar ese derecho universal a la escolarización en lengua materna de los castellanohablantes. Estaba en contra del bilingüismo porque lo juzgaba negativo para la supervivencia del catalán, pero sobre todo porque era inadecuado para romper con la comunidad política española e imponer la nacionalista catalana, que es de lo que se trataba. Así que los hijos de emigrantes o de burgueses catalanes de habla materna castellana fueron obligados -más los primeros, dependientes de la enseñanza pública- a renunciar de grado o por fuerza al hasta hacía poco sagrado derecho a la escolarización en lengua materna, suprimido en nombre del superior derecho colectivo del catalán a regir todos los aspectos de la vida pública, e incluso privada, de los catalanes. Naturalmente, como las lenguas no tienen derechos de ninguna clase, ni tampoco obligación, los afectados fueron los derechos y obligaciones de los habitantes del antiguo Principado.

Movimientos cívicos, CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN