lunes, 12 de diciembre de 2011

Mar Regueras, actriz catalana y por lo tanto española

http://www.lavozlibre.com/noticias/ampliar/304793/mar-regueras-no-vivo-en-cataluna-porque-se-prohibe-el-castellano

Los catalanes prefiere filmes doblados en castellano.


Un 46% de los catalanes prefiere las películas dobladas al castellano, frente a un 18% que las querría en catalán, según el estudio "la dieta cultural de los catalanes", del Barómetro de la Comunicación y la Cultura. Está claro que cuando el catalanismo habla de "normalización", mienten como bellacos... lo "normal" es lo que la mayoría quiere y está claro lo que quiere la mayoría de los catalanes.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La lengua-herida

La opinión de Jesús Royo en La Voz Libre.

La inefable Pilar Rahola, tan locuaz ella, es una mina inagotable, da para muchos artículos. Con locuaz quiero decir que habla más que piensa, que se nutre de tópicos desecados y liofilizados hace muchos años, y que sus argumentos parece como si los trajera preparados ya desde casa, y los suelta al buen tuntún, tal como salen, “tal com raja”. Su artículo “La lengua herida”, en La Vanguardia del pasado 8 de julio, es un resumen, otro más, del infinito y cansino bucle melancólico del nacionalismo, siempre lo mismo: Cataluña y España, David y Goliat, el dragón y Sant Jordi, el Estado depredador y la resistencia tenaz de un pueblo sabio, orgulloso y tozudo que “no vol morir”. Y la lengua, la pobre lengua, es la flor delicada y sublime a punto de ser pisoteada por las pezuñas de los bárbaros, las altivas mesnadas castellanas. Es la lengua herida, menospreciada y masacrada por la sinrazón. No exagero. Véanlo, textualmente: ”los catalanes vivimos en un Estado que ni quiere ni garantiza la normalidad en el uso de los idiomas que lo configuran, eternamente preocupado por la idea de que el imperio territorial se basa en el imperio de la lengua”… “España desprecia las lenguas diferentes al castellano”, “pone en jaque su supervivencia”, “potencia su degradación”… “(Sólo da un) papel residual a las otras lenguas del Estado, sin aceptar ni entender que se trata de un patrimonio cultural extremadamente valioso”… “España siempre se ha concebido como un estado-lengua y de la mano del idioma ha impuesto una manera de entender el mundo”…“Este idioma-Estado se ha impuesto por la violencia en las épocas tiránicas…pero las lenguas han sobrevivido de manera tozuda y resistente a la dictadura”…“Lingüísticamente hablando, España es un país depredador…un Estado que desprecia los otros idiomas que no sean el del imperio. Los desprecia tanto que no le importa que desaparezcan.”

Esto ya no es que la lengua esté herida, sino que la lengua es la herida. Herida no como adjetivo, sino como substantivo. Es la herida que nos permite dar lástima, como la amputación que exhibe impúdicamente el pordiosero, con la que se gana el sustento diario. Es una herida-negocio, que nos da derecho a la subvención permanente, a la prioridad institucional, a la excepción merecida. Como diría el castizo Pujols: nos da derecho a ir por el mundo sin tener que pagar en los restaurantes ni en los hoteles. ¿Usted habla una lengua minoritaria o en peligro? Pues nada, no se apure, el mundo está en deuda con usted, y en consecuencia la plaza es suya, la subvención es suya, puede usted saltarse las normas de equidad impunemente.

Sinceramente creo que otro discurso es posible. Un discurso racional, igualitario, sin mitos, sin trampas. España quizá es un estado depredador, pero los catalanes lo hemos sido con él, y en primera línea: acordémonos del tradicional comercio de esclavos de los mercantes del Maresme, del exterminio de los indios de Rapanui, a cargo de un marino del Masnou, del acopio de capital amasado con sangre negra en los ingenios de Cuba y Puerto Rico. Acordémonos de que, vía comercio, y vía concesiones estatales, los industriales catalanes se han hecho con las plusvalías generadas en la “atrasada España”. Es cierto que la lengua catalana fue perseguida, pero a menudo por los propios catalanes. Y en todo caso, eso no autoriza a pedir una pensión vitalicia. Ni a reclamar una patente de corso con la que negar los derechos lingüísticos a los castellanohablantes.

No concibo que el discurso de Pilar Rahola, el más común entre nacionalistas, sea tenido como un honor de la lengua catalana. No me entra en la cabeza. Al revés, creo que es un discurso ofensivo para el catalán. La excepción, la prioridad, el uso preferente, no es la gloria del catalán. Ni de ninguna lengua. Lo honorable es la igualdad, y la libertad. La cooficialidad que define la Constitución es más respetuosa con el catalán que la excepción y la prioridad que reclama el nacionalismo.

Planeta Catalunya

Os invito a ver dos trocitos de "Planeta Catalunya", el espectáculo que representa en Barcelona la actriz estadounidense Rachel Arieff.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

España y los catalanes

La carta de un lector de El Periódico de Catalunya.

Tantos años invertidos por los políticos nacionalistas en hacernos creer que los catalanes no gustamos en el resto de España y ahora resulta que el grupo Manel es número uno de ventas en España y agotó las entradas en sus conciertos en Madrid, y la película `Pa negre¿ triunfó rotundamente en los Goya. La realidad es tozuda.

Eugeni del Castell
Santa Coloma de Gramanet

lunes, 28 de noviembre de 2011

Secun de la Rosa: Un actor catalán que tuvo que irse de Catalunya


El gran actor catalán explica en El Periódico de Catalunya las razones de su marcha de Catalunya: "Me´n vaig anar a Madrid a estudiar amb Cristina Rota perquè no vaig poder entrar a l´Institut del Teatre perquè el meu català no era fluid, jo era un xarnego de barri."

Tom Sharpe a punto de irse de Catalunya



Tom Sharpe, el escritor británico que vie en Catalunya ha remitido esta carta a La Vanguardia:

Llegué a Catalunya en 1989 y me instalé, durante seis años, en el hotel Llevant de Llafranc. Padecí algunos problemas de salud y fui atendido por el doctor Mas, en Begur, siempre de manera excelente. Más tarde, en 1995, compré una casa en Llafranc. Debido a la ineficacia de la medicina británica me había convertido en un minusválido: un médico en Cambridge me diagnosticó una simple torcedura de tobillo y me recomendó andar y andar, asegurándome que así sanaría mi tobillo. Anduve durante seis meses, pese al terrible dolor que eso me producía. Pasado ese tiempo, fui a Barcelona, donde Montserrat Verdaguer y Montse Figuerola, mis doctoras, me aconsejaron consultar al profesor Rotes. En su larga carrera - según me dijo-,tan sólo había examinado otro caso de tendón tibial posterior roto en tan mal estado. De haber sido tratado adecuadamente, añadió, a esas alturas ya hubiera estado curado. Se mostró sorprendido de que no me hubieran atendido del modo correcto de inmediato.

Recientemente he leído en la prensa noticias muy sorprendentes y preocupantes. Y eso es lo que me lleva a pensar que si los excelentes equipos médicos catalanes y su modo de trabajar están ahora en peligro, debido a las nuevas decisiones gubernamentales y al despido de la doctora Figuerola, quizás yo deba volver a mi país e instalarme en Cambridge. Eso sería lo peor que podría ocurrirme. La medicina catalana es la tercera mejor del mundo. ¿Cómo es posible que ahora se permitan echarlo todo al traste? He vivido en Áfricay en Gran Bretaña. Me siento autorizado a decir, gracias a mi experiencia, que la mejor medicina es la que se produce en Catalunya. ¿Vamos a permitir que todo eso se pierda?

He aconsejado a todos mis amigos que se compren una casa en Llafranc. Yo resido aquí. Puedo asegurar que en ningún otro lugar del mundo he recibido un tratamiento de calidad similar al que me han dispensado en Palafrugell, en el hospital de Palamós o en la clínica Girona.

A mis 83 años sufro diversos problemas que han requerido tratamiento médico. Me han dicho que, pese a mi edad, conservo un estado de salud razonable, y no dudo en atribuirlo a la excelencia del trato médico recibido, que por cierto me ha permitido seguir escribiendo hasta ahora. ¿Vamos a echar todo eso por la borda?

No puedo creerlo. Y me resisto a creerlo.

Recientemente, por ejemplo, animé a un viejo amigo que había perdido una pierna a que se tratara en Catalunya. Yo me hice cargo de los gastos. Se trata de un antiguo profesor de Oxford que ahora vive en Sudáfrica. Me hizo caso y vino a Catalunya acompañado por su esposa, una profesora de origen ruso. Llegó en silla de ruedas y se fue andando. Acudió a la consulta de la doctora Avinyó, en el hospital de Palamós, que le recomendó que visitara el centro de ortopedia Xixu, en Ullà, donde se le proporcionó una prótesis de rodilla equipada con un sofisticado mecanismo electrónico. Gracias a esa prótesis, mi amigo camina ahora perfectamente, sin necesidad de bastón, por las calles de Ciudad del Cabo.

Lo digo de veras: espero que nada destruya el excelente sistema catalán de salud, ni a sus excelentes equipos profesionales, que han trabajado tan bien y con tanta entrega durante tantos años.

lunes, 7 de noviembre de 2011

sábado, 5 de noviembre de 2011

sábado, 10 de septiembre de 2011

No estamos locos

lunes, 15 de agosto de 2011

Tribu

lunes, 1 de agosto de 2011

La Vanguardia en catalán

La opinión de Jesús Royo en La Voz Libre.
El diario insignia de Cataluña, 'La Vanguardia', tendrá doble versión a partir del mes de mayo, en castellano y en catalán. Desde su fundación, hace un siglo largo, es la primera vez que se publica 'La Vanguardia' en catalán. Hay que felicitarse por ello, sin duda alguna. Es un signo de normalidad y de servicio al ciudadano que hay que encomiar sin reserva. O casi.

De hecho, en mi libro 'Una llengua és un mercat', de hace veinte años, lo puse como ejemplo de normalidad. Decía que, si una lengua es un mercado, la señal de la normalidad del catalán sería el día en que las páginas de anuncios por palabras de 'La Vanguardia' fueran en catalán. Cierto que el peso de esas páginas en la sociedad catalana ha caído desde entonces: hoy apenas son cuatro páginas, cuando entonces solían ocupar la mitad del diario, y eran el reflejo más conspicuo de todo el mercado menudo, interpersonal, de los catalanes. Ahora el mercado impreso se ha diversificado, y junto a los diarios tradicionales -'El Periódico', 'La Vanguardia'- se ha trasladado a revistas locales, con predominio en catalán, y a internet, con predominio en castellano. 'La Vanguardia' ya no es el ágora central que antes era. Pero cuando leí la noticia el domingo pasado sentí la satisfacción de haberlo pronosticado veinte años antes. No es poco, en un tiempo en que las peores crisis se nos cuelan sin avisar.

Aunque todo tiene su lado oscuro. Resulta que los diarios en castellano se catalanizan, pero no sucede al revés. Nos puede dar la sensación -y sembrar la alarma- de que la versión doble de 'La Vanguardia' es un paso más hacia la catalanización total, tal como ya pasa en la administración y en la enseñanza. Cuando los catalanistas hablan de bilingüismo y de igualdad, suele ser para superarlos pasado un tiempo prudencial, y entonces el nuevo objetivo es llegar al monolingüismo 'normal'. Todas las revistas comarcales son monolingües en catalán: allí no rige -ni regirá jamás- la versión doble. Nadie va a pedir, por ejemplo, el Avui en castellano. Sería un contrasentido: porque el mensaje principal del Avui es que está escrito en catalán: lo que dice importa poco, importa cómo lo dice. Lo que en los diarios en castellano es utilitario, accidental, la lengua en que están escritos, en el Avui es esencial, categórico y determinante. En mi libro rechazaba el uso sagrado de la lengua catalana, porque eso nos llevaba directamente fuera del mercado, a la liturgia, al uso conmemorativo, lapidario y no comunicativo de la lengua. La lengua como insignia, como marca de identidad. Contraponía el Avui, un diario conmemorativo, que no necesitaba ser leído, a 'La Vanguardia', el verdadero mercado lingüístico catalán, que tenía lugar en castellano. El castellano era la lengua estándar de Cataluña. Pero por obra de la tecnología -la traducción automática entre castellano y catalán es muy eficiente- eso va a dejar de ser así. El mercado comunicativo catalán va a poder ser bilingüe, en gran manera, y a petición del interesado.

Sabemos que la versión catalana de los diarios en castellano no es, como pudiera parecer, un movimiento espontáneo del mercado comunicativo, no. Es un acto deliberado y corresponde a una política institucional que surge del Consorci de Política Lingüística. Igual que la publicidad en catalán, igual que la rotulación de los comercios, igual que las multas lingüísticas. Allí se plantearon un día que con subvencionar a los diarios en catalán no había suficiente, que incluso podía ser contraproducente, porque ocupaban un territorio ya marcado de antemano, con lo que justificaban indirectamente que el territorio 'no marcado' fuese de expresión castellana. De ahí el empeño en amparar la operación de versión doble de 'El Periódico', que ha funcionado bien, y ahora de 'La Vanguardia'. Me imagino la cantidad de estudios, estadísticas y promesas que habrán utilizado con un transatlántico como 'La Vanguardia' para llegar a convencerle de dar un paso como este. Pero ya digo: pese a todo lo que haya detrás, quizá no todo limpio, hay que felicitarse de las dobles versiones de los diarios. Primero, porque dan la medida real de la demanda en cada lengua. Y segundo, porque ratifican un uso lingüístico equitativo y neutral, en el que la opción de lengua corresponde al usuario, al cliente, al ciudadano. O sea, tal como dijo el TC que debía ser el uso de las lenguas oficiales, en su famosa sentencia.