viernes, 11 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (20)


Dos días después del atentado contra García es el 11 de septiembre. No el veintiún aniversario de la fecha infausta en que la democracia chilena fue asesinada por Pinochet, no, sino el "Onze de Setembre", conmemoración de no se sabe bien qué presunta derrota de una presunta Cataluña en un oscuro conflicto internacional de hace casi tres siglos: la fiesta nacional de Catalunya, la Diada. En el Parlament se lleva a cabo cada año la celebración institucional de la cosa. Veintitrés activistas de la Tolerancia, acompañados por militantes de Cadeca, penetran en el lugar dispuestos a montar una protesta lo más espectacular posible por la "agresión fascista" a Asunción García. Agentes de paisano -como pertenecen a la policía autonómica los llaman Mossos d´Esquadra-, mezclados entre el público, despojan a los tolerantes de grabadoras y cámaras fotográficas. Los tolerantes y las madres de Salou se sientan en el hemiciclo. Los conminan a salir, pese a que el acto es público. Se niegan. El dispositivo policial -"impresionante" según ellos- los desaloja a la fuerza. La aventura ha durado 35 minutos. ¿Cómo se pudo enterar la policía de que se preparaba esa acción? "La decisión de acudir se había cerrado la noche anterior por teléfono", manifiestan los tolerantes. No dicen nada más, pero esperan que el lector piense: la policía, cualquier policía, pincha teléfonos.
La prensa, con la única excepción de Abc, no dijo ni pío.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (19)


Seguimos en 1994. El 9 de septiembre, en Vila-seca, dos individuos entran en la consulta médica de la vicepresidenta de Cadeca (Coordinadora de afectados en Defensa de la Lengua Castellana), Asunción García, probablemente la primera persona que -en mayo de 1993- osó poner en marcha un movimiento más o menos organizado para impedir que a sus hijos y a los demás niños y niñas castellanos de Cataluña los sumergieran a la fuerza en el monolingüismo catalán escolar. Es sin duda un acto de decisión y valentía que ya nadie podrá borrar de la historia de Cataluña, de la historia de España, y a Cadeca se la llama también, con cariño o desprecio, según, "las madres de Salou".
Los dos individuos le dicen a Asunción García que el padre de uno de ellos ha sufrido un ataque cardíaco y necesita ser atendido. Ella coge su coche y los toma en él. La conminan a ir hacia un descampado, le pegan una paliza y le incendian el vehículo. Esta es la versión de la víctima, asumida por la Tolerancia. Voltas la pone insidiosamente en duda: "Sea como fuere, el episodio de la agresión a Asunción García no es una anécdota. No lo es si realmente la apalearon por motivos políticos. Tampoco lo es si fue un montaje o una jugada oportunista. Y lo es menos aún si es cierto que la Guardia Civil sabe la verdad pero prefiere no destaparla."

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (18)


Porque el fascismo democrático no son Ezra Pound ni Drieu la Rochelle ni Rafael Sánchez-Mazas ni Dionisio Ridruejo ni Louis Ferdinad Céline ni Ernst Jünger ni Marinetti el futurista u Obiols el pasadista. Ni siquiera Eugeni d´Ors, cuyo fascismo catalán era bueno y pasó a ser malo sin cambiar un ápice salvo el idioma cuando se hizo español, o J.V. Foix, el imperialista catalán militarista que en la posguerra franquista hacía pasteles para los ricos de Sarrià con la harina del cupo del racionamiento para el pan de los pobres. Ni los cabezas rapadas, al fin y a la postre una caricatura sangrienta pero controlable. El fascismo no es una ideología sino un comportamiento, un modo de actuar. El fascismo democrático, el que llevó al poder a Chávez como a Pujol y a este como a Hitler, es lo que Voltas llama supra "la opinión general", la gente corriente adecuadamente "orientada" por los medios de comunicación, es decir de formación y no de información. El fascismo son los votantes de color gris que no han leído "El guardián entre el centeno" ni han mirado desnudos de Matisse pero forman las mayorías parlamentarias y permiten a los normalizadores -en Pleasantville el fascismo se quita con sexo y en Cataluña los normalizadores suelen tener cara de mal follados- sublimar sus represiones (tales personajes se merecen un freudazo) implementando la presunta aberración inmersora.

Nada por la patria. (17)


A finales de 1992, "Extranjeros en su país" se presentaba en el Centre Cívic de la Verneda, una suburbia bastante patética repleta de inmigrantes e hijos de inmigrantes, un barrio que cruzan anchas vías de circulación rápida por las cuales los automóviles van de Barcelona a Sant Adrià y Badalona en el menor tiempo posible. Un barrio en muchas de cuyas casas las puertas tienen una altura de metro ochenta, como si los constructores, los de las aluminosis y el todo vale, hubiesen tenido claro que los andaluces pobres nunca alcanzarían una estatura que les permitiera partirse el cráneo con el marco.
Según afirma Robles, él mismo y otros dos profesores habían cursado invitación por correo a casi todos los institutos, escuelas y universidades de Cataluña, y a algunos grupos y personas susceptibles a su parecer de simpatizar con la causa. Entre esas personas estaba el narrador, que ahora confiesa avergonzado -porque a su juicio peor sería no confesarlo- que dejó de ir por miedo. Lo cual resulta menos perdonable aún teniendo en cuenta que por entonces hacía la crítica de libros en La Vanguardia. ¿Miedo a qué? No lo sabe muy bien. Miedo. ¿Miedo a encontrarse con un hatajo de fachas? ¿Miedo a que un comando de independentistas apalease a la concurrencia? ¿Miedo a las represalisas de los jerifaltes de su universidad si se sabía que había ido? es casi seguro que todos esos miedos eran exagerados, y así se le antojarán al lector sensato. Pero el meido casi nunca es sensato, y eso eran los miedos de casi todo el mundo, entonces, en relación con estos asuntos. "Mejor no meneallo" era la consigna, una consigna tan implacable que ni siquiera se formulaba como tal casi nunca.

martes, 8 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (16)


Y ahí lo mejor será oír un poco de lo que decía la entonces redactora y presentadora de Sant Cugat Mercè Remolí:
-Ya no era solo el terreno estrictamente lingüístico, sino que pasaban a la noticia en sí misma. Muchas veces incluso le cambiaban el sentido, o la intensidad de lo que querías decir, y ahí era donde colisionábamos. Y no es que yo haya sido una excepción. Todos los compañeros, en algún momento -excepto los muy, muy disciplinados- han tenido alguna trifulca importante con los correctores por cosas de esas, porque a veces desbordaban sus funciones para entrar en unos terrenos que no les correspondían.
-Esto coincide con lo que me han comentado otros periodistas, sobre todo de Sant Cugat: que hay correctores que actúan como comisarios políticos, que hacen modificaciones de carácter ideológico.
-Es cierto. Rotundamente. Cuando cambian España por Estado español, por ejemplo, o Santiago de Compostela por Sant Jaume de Galícia, o "terroristas" por "organización armada", cuando hay calificativos que ellos no aceptan de buen grado y te ponen otros... Y eso yo lo recibía muy mal, porque sencillamente no lo acepto.
Así, pasito a pasito, casi sin enterarse y ayudados fraternalmente por los misioneros capuchinos de fe inasequible al desaliento y empecinado amor a la patria, con cebolla, los periodistas catalanes iban construyendo una nación virtual, una Catalunya destinada a sustituir a España sin que España se diese cuenta. Una nación virtual sin los inconvenientes de tener Estado propio pero con las ventajas de pertenecer a un Estado ajeno opresor, al cual se podían achacar siempre todos los males que aquejaban a la nación virtual.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (15)


No se olvide que en aquel momento, con la excepción parcial y vacilante del PP, la fórmula nacionalismo catalán engloba todo el arco parlamentario de Cataluña. Convergència se define como nacionalista y Unió o Esquerra Republicana de Catalunya por supuesto tanto o más, pero es que el PSUC (subsumido ya en una denominación tan desprovista de significado como Iniciativa per Catalunya) e incluso el PSC (PSC-PSOE) -esta es su risible ristra de siglas- también se declaran nacionalistas. Sin vacilaciones. Con convencimiento, y que Ángel González sepa perdonar un uso tan vil de su bella palabra. El nacionalismo no se cuestiona. Es un asunto de fe, como que Dios es Cristo o que su madre era virgen. En las cúpulas de los partidos, recuérdese: por algo sus dirigentes, en la derecha como en la izquierda, provienen casi todos de buenas familias nacionalcatólicas de siempre (del nacionalcatolicismo catalán, of course, que en todas partes cuecen habas). Otra cosa son las bases, sobre todo las del PSC, donde se va incubando una rabia áspera e impotente: ellos, los castellanos pobres, son más, pero los que mandan en el partido son los catalanes ricos, y los catalanes ricos dicen que el nacionalismo es sagrado y punto.
No se olvide tampoco que en 1992, desaparecido el casi testimonial Diari de Barcelona, cuando se dice medios se está diciendo prácticamente todos los medios: todas las cadenas de televisión públicas y privadas -la TV3 del pujolismo, sí, pero también la TVE Cataluña del felipismo-; todos los diarios desde AVUI hasta La Vanguardia pasando por El País, El Periódico y la prensa comarcal en bloque; todas las emisoras de radio, incluida y acaso sobre todo la Ràdio 4 controlada por el gobierno socialista. Una excepción: la COPE de los obispos, y quien sepa atar esta mosca por el rabo que se trague la hostia consagrada sin hincarle el diente.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (14)


Para que lo entiendan los americanos, que son los que conviene que entiendan las cosas. Castellanohablante es a castellano lo que afroamericano es a negro. Y un castellano, con o sin su fijación eufemística, viene a ser en Cataluña lo que un negro en Alabama. o, para buscar el parangón en la propia sociolingüística y con el mismo idioma como protagonista, un castellano en Barcelona viene a ser lo que un hispano en Nueva York.

Nada por la patria. (13)


Los enseñantes y los periodistas saben que algunos entre los más osados ya se han ido, han sido tiroteados o morirán pronto arrinconados en un asilo para viejos locos enfermos. Saben que muchos están abjurando y que casi todos se resignan a un futuro de jaulas pequeñitas, pintorescas, dentro de la gran jaula asimilacionista poblada por el pensamiento único y monolingüe a efectos emblemáticos.
Los periodistas y los enseñantes saben todo eso y más. Saben que Cataluña no es ya que sea un oasis sino que es un mundo feliz huxlesiano, el Seahaven de Truman, una Pleasantville que ellos están edificando desde aquel 1984 de Orwell y aun antes. Lo saben pero, claro está, callan. ¿Cómo va a decir el mayordomo que su amo es el asesino? Se ha dicho y se seguirá diciendo, en un intento acaso desesperado de aplicar al texto impreso la técnica audiovisual de la redundancia: el espectador no es un escuchante sino un oyente, provisto por lo general del mando a distancia que le pemite, sin moverse de su butaca, zapear. Al lector le basta con las manos desnudas, que tienen más poder sobre un libro que el mando a distancia sobre una pantalla: releer, volver atrás, subrayar, saltarse páginas, tirarlo al fuego como Carvalho.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (12)


De esa transformación sutil e insidiosa apenas se da cuenta la gente. De eso se trata. Solo los enseñantes y los periodistas saben -no ya porque estén en el ajo sino porque sin ellos no habría ajo- que la manada de los rinocerontes crece día a día y que las demás especies, si no emigran, pronto se verán ante la disyuntiva de engrosar el rebaño abjurando o reunirse los sábados en jaulas tan pequeñas como las de los indios americanos de las reservas de Tennessee, que llamarán centros regionales y en las cuales podrán tomar fino La Ina y bailar sevillanas con bata de cola color verde Andalucía.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (11)


Uno ha advertido que no se remontará, por lo menos no de modo sitemático, a la prehistoria tardofranquista para rastrear los origenes de la autoinmolación de la izquierda española en beneficio de los nacionalismos periféricos, conservadores o violentos -ambas características no solo no se excluyen una a otra sino que se necesitan- aunque eso sí siempre de derechas como todo nacionalismo. Bastará cerrar de momento la cuestión trayendo hasta aquí una sintesis bastante lúcida de César Alonso de los Ríos, comunista en su día y redactor-jefe en el cuando entonces de Triunfo, el semanario emblemático de la progresía: "En Cataluña la afirmación nacionalista iba a vaciar al Partido Comunsita. Así que lo que se sacó de exaltar a los movimientos nacionalistas -pacíficos y violentos- fue más la disolución de la idea nacional española que la desaparición de Franco."
Si uno lo ha entendido bien -aun preguntándose por qué César Alonso no lo expresó con mayor claridad-, la desaparición del franquismo resultaba subsisdiaria en el oasis catalán, pues lo sustancial era la difuminación de España y el nacimiento de una nación: Cataluña. Este ha sido desde el protofascista Prat de la Riba, desde el obispo integrista Torras i Bages, el propósito del catalanismo, cuyos servicios de propaganda atravesaron la dictadura y la santa transición intentando convencer al personal de que la guerra civil no fue una guerra de fascistas (nacionales) contra republicanos (rojos) sino de España contra Cataluña. Lo cual es manifiestamente falso, y por ello resulta increíble que la izquierda se metiera hasta el cuello, como un pobre conejo tonto, en una trampa tan burda.
¿Increíble? si se descarta la hipótesis de que la izquierda en bloque fuese subnormal e incurriese en complicidad involuntaria, solo queda otra, que ya se apuntó, pero Stanislawski advertía que nunca se repite bastante la idea núcleo de una obra: la presunta izquierda no era tal, puesto que no es ya que aceptase, sino que reivindicaba el nacionalismo. Catalán, eso sí. La posible tercera hipótesis -que la izquierda sirviera al nacionalismo para obtener prebendas en lo que Josep Tarradellas definió como dictadura blanca pujolista- es, en la mayoría de los casos, o así lo cree al menos este periodista, un apéndice orgánico indisociable de la segunda. Joindre l´utile à l´agréable diría uno en francés. "Las conviciones nobles suelen coincidir con los nobles intereses" sería una manera de expresarlo más propia del catalanismo cebolludo de siempre, siempre tan melifluo y jesuítico como ciertos personajes de Jacinto Benavente, premio Nobel aunque español.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (10)


Ese clima, exactamente ese, era el que impregnaba la Barcelona de 1992 no mucho después de las Olimpiadas donde un hijo de Jordi Pujol había hecho una carrerilla pública portando un "Freedom for Catalonia" -en inglés, of course: todos los mensajes que aspiran a salir por las pantallas del mundo deben redactarse en inglés-; las Olimpiadas internacionalísimas repletas de músculo farmaceútico donde los independentistas queriendo boicotear a los reyes habían logrado que el público del estadi se lanzara a vitorear a España y a sufrir por ella como hacía tiempo que no se veía en Cataluña. El público, sí, municipal y espeso, en el anonimato multitudinario y amniótico del Estadi. Pero después, uno a uno, por la calle, en el trabajo, todos esos individuos que juntos y revueltos conformaban la multitud española volvían a estar asustados, todos aceptaban la hegemonía nacionalpujolista que habían ido construyendo políticos y periodistas, suqueros y escoltes, nadie de aquella furia española que rugió poderosa en Montjuïc.

martes, 1 de septiembre de 2009

Nada por la patria. (9)


El miedo. El temor razonable. La difamación velada. Las cosas que se saben pero no se dicen. Las que se dicen pero no se creen. Las que se aceptan porque la hegemonía rampante del nacionalismo no se discute. Las que alguna vez se confiesan en voz muy baja, en la alta madrugada de oscuras tabernas escocesas de San Gervasio, tras cuatro pintas de cerveza Guinness bien negra con un dedo de rubia espuma espesa, cuando uno sabe que a la luz del día siguiente negará haberlo dicho y el otro sabe que nunca confesará haberlo oído.